Mostrando entradas con la etiqueta gracias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gracias. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de mayo de 2012

Here Comes The Sun

Estoy recomponiéndome. Aún soy muy frágil, no he reconstruido ni la mitad de mí y el pegamento de la parte reconstruida aún no se ha secado. Últimamente todo iba de mal en peor. Sólo había una cosa que me mantenía: la música, el sueño de ser cantante. No sé muy bien por qué esa parte no se derrumbó; supongo que es porque la música no se va a levantar un día diciéndote que ya no te quiere, ni al escuchar tus pensamientos va a juzgarte sin dejarte acabar de contar tu historia. La música nunca te abandona. Los artistas que la hacen no te conocen ni les importas, lo sé, pero quizás sea mejor así. Al escuchar su música entras en sus sentimientos y de alguna forma también entra la canción en los tuyos, para volverse parte de ti. Desde hace unos meses dormía sólo si estaba agotada o si me calmaba alguna canción -All Things Bright And Beautiful, de Owl City, para viajar a otro mundo lejano donde poder ver las estrellas, Birdy para no asustarme de mis pensamientos, Safe And Sound, de Taylor Swift, para consolarme cuando me moría de miedo y soledad...
Poco a poco me rehago. Voy ordenando mis pensamientos escribiéndolos, sacándolos de mí, cantándolos con canciones hechas por otros para ellos mismos, pero haciendo que sean para mí. La última entrada fue un autorretrato, un autorretrato real pero no objetivo. A todo le describía su lado malo, pero no su lado bueno. Ahora sé que todo tiene su lado bueno y su lado malo, y que el peso de estos depende sólo de la persona que los describa. Antes de escribir la entrada me odiaba, pero después fue como una liberación. Ahora no me odio, me reprocho. Con el odio no hay mejoras, con el reproche -si luego hay reacción- sí. Aunque debo admitir que hay partes de mí que no entiendo -y eso me lleva a odiarlas- aún después de esto. Pero bueno... yo soy yo y mi reflejo cambiará con el tiempo, pero en realidad siempre seré el mismo cuerpo. Así que no me queda más remedio que aceptarlo de la mejor manera posible.
No he recobrado la confianza en mi madre, pero creo que la he perdonado. O al menos lo estoy intentando, me estoy esforzando en ello. La confianza no se recupera, ya cuesta lo suficiente ganarla. Pero tendré que aprender a vivir con eso, a entender que hay situaciones que se enfrentan solo. Mi padre es otra cosa, porque me seguirá haciendo daño mucho tiempo. Y no sólo a mí. Probablemente hasta que muera, por muy oscuro y horrible que sea esto. Pero creo que es cierto. Que no sea culpa mía no sé si es consuelo o tortura.
También he tenido un desengaño en cuanto a la amistad. Los amigos se cuentan con los dedos de las manos, pero a mi edad con sólo una. La amistad es difícil de encontrar, casi tanto como el amor, y también puede ser no correspondida. Y aunque al tiempo le demos igual al pasar pone las cosas en su lugar, como un maniático del orden muy estirado. Al menos tengo verdaderos amigos en los que apoyarme, que también es poco común.
Tengo que prepararme para el verano, que me temo que será más duro que nunca. Pero habrá que sobrellevarlo y aprovecharlo, porque después de todo es posible -si me hago fuerte, está claro. Es seis de mayo, y el día de la madre. Van a ser unas semanas difícil hasta que todo se estabilice, aunque puede que no se estabilice hasta el curso que viene. Pero voy a resistirlas e intentar ser feliz. Creo que la clave de la felicidad es eso: querer la felicidad y intentar ser feliz.
"Here comes the sun, here comes the sun..."

domingo, 5 de febrero de 2012

Quizás todo se acabó con el otoño

No me dolió de la forma que hubiese esperado. Me dolió más la incertidumbre, en teoría infundada, aquella tarde en la que volví a casa rota después de un lo siento y un abrazo en mi portal. Pero ayer, antes de entrar a casa, me pregunté si lloraría, si sentiría otra vez ese dolor en el pecho, si le echaría tantísimo de menos que una vez más convertiría mi almohada en piscina. Me centré en si sentía lágrimas que sofocar. Pero... no había. No tendría ni que contenerlas. No tenía ganas de llorar ni lágrimas que se presentaran voluntarias para derramarse. El dolor en el pecho ya se debería de haber presentado en el mismo momento en el que oí tu voz diciendo esas palabras, porque me conozco y sé que me derrumbo en el primer momento, aunque sea un derrumbe de hormiguero y nadie lo note. El dolor en el pecho no vendría, al menos no por este adiós. Quizás dentro de mucho, mucho tiempo, echándote de menos de la manera que se echa de menos el ser una niña o aquella amiga a la que perdí sin saber muy bien por qué. Y el echarle de menos... ya ha amanecido. Mi almohada no se ha convertido en piscina municipal. No le he echado de mi mente, tampoco me he forzado en pensar en él. He pensado lo justo, en los buenos momentos, en los malos.
Más que recordar, he pensado en el futuro. Sigo aquí. Mi "mesa" ahora tiene cuatro patas y media, una de ellas bastante destrozada, como ha estado siempre. Amigos, a los que cada vez quiero más. Familia, que aunque es muy poco a lo que considero familia y parte de ello es lo que me da cinco días de tristeza al mes, lo que tengo es algo y sé que podría ser peor. Sueños, esta sobre todo compuesta de música, de tardes y tardes ensayando, cantando por ser mejor. Recuerdos, que nació del deseo de morir y decir "Ha sido bonito, ha valido la pena."Y finalmente, amor.
Soy una enamorada del amor, no puedo evitarlo. Esta pata no es una pata de verdad si nadie la llena. Sino, es un simple decorado. Pero un decorado que me da ánimos, como ahora mismo. A quien la ha vaciado, no le daría una tercera oportunidad, lo tengo claro. Mucho tendrían que cambiar las cosas. Pero me gusta imaginar quién será el siguiente que la llenará, cuándo, cómo, dónde. Siempre me ha encantado imaginar situaciones paralelas, alternativas. Y ahí sigue el decorado de pata, sin sujetarme pero dándome ánimo.
Eso son cuatro patas. Con cuatro patas una mesa puede sostenerse estupendamente sin carencias.
Aunque sepa que va a leerlo, esto no va para él. No es como la otra vez. Esta vez hubo decepción, decepción hacia él. De que alguien a quien yo consideraba tan maravilloso lo sea un poco menos, porque fingir que se quiere a alguien sólo para saber si es verdad es algo que nunca se debería hacer. No camina cogido de la mano con alguien a quien le vas a decir adiós en diez minutos. No se le pide ser amigos después de esto, se pregunta si querría. No se da un abrazo justo después. No se dice que echas de menos sin echar de menos. No se besa con amor sin amor, es obvio. Yo no existo para ser probada y luego, ya si eso, ser querida. Sino se tiene claro si se quiere a alguien, no se quiere.
Esto es lo que más me ha dolido de todo esto, y sólo por él. Porque le quiero, como amiga y como más y aun así me sigue preocupando.
Pero entré por la puerta, me costó girar la llave con las manos congeladas. Y saludé con mi hola entusiasmado de siempre, de esos que liberan las cuerdas vocales. Sonreí, porque sonreír puede ser una reacción de felicidad o lo que provoque la acción de la felicidad. Nadie me vio, mi madre me dijo que me pusiese el pijama, que me dejaría el ordenador y en un ratito cenaríamos. Me fui a mi habitación. Miré por la ventana y casi sin darme cuenta empecé a cantar. Mi voz seguía siendo la misma que hace dos días, cuando había conseguido coger mejor los agudos. Our Last Summer, canción que habla de un amor de verano hermoso, pero que pasó. Y que se recuerda con cariño. Fue entonces cuando me di cuenta de que eso era lo que yo sentía, que mis cuerdas vocales seguían ahí para lograr mi sueño de ser cantante. Que mis mejores amigos aunque la mitad no sepan escuchar problemas, me animarían aún sin saberlo como siempre. Que invitaría a mi padre a mi concierto del día siguiente, le gustase o no la música, y le daría una oportunidad. Que ahora tenía recuerdos preciosos, casi de sueño. Que lo que podría esperar ya no existía, y no valía la pena esperar de pie, en la tormenta, para que nada llegase.
Ya ha amanecido. Sigo aquí. Estoy de buen humor, de muy buen humor. Tengo un rumbo marcado. Me pondré a estudiar después de desayunar, a mi pesar. Después, he quedado con Clara. Fotos, vídeos, y hipster casi insuflado por vena. Volveré, comeré y decidiré por fin, del todo, vestuario, peinado y maquillaje para el concierto. Entonces, a pesar de la siesta de mi madre, ensayaré, calentaré. Me iré corriendo a la escuela de música, porque sé que llegaré tarde como siempre. Dos horas de ensayo, de nervios cada vez más fuertes. A las siete, concierto, una de las mejores horas del año para mí. En el concierto, quizás venga mi padre, puede que con su novia. Quizás venga mi mejor amiga, aun cuando eso no va para nada con ella. También puede que, con mi madre y mi hermano venga nuestra vecinita, un encanto de niña -y eso que no me gustan los niños pequeños. Nervios. Miraré el público a través del micrófono. Y pensaré en cómo quiero ver, en el futuro, al otro lado del micrófono.
Esta no es un entrada sobre el fin del amor y el comienzo de un amor no correspondido. No, el fin del amor vino con el invierno y el comienzo del amor no correspondido. Ahora, se ha terminado el amor no correspondido. No estoy deseosa por nuevos amores, sólo curiosa, pero no tengo prisa. Quiero desencadenarme de ese miedo a irme un día y que al día siguiente me digan que están mejor, como en el colegio me ocurría. Perder el miedo a la soledad. Dedicarle más tiempo a ensayar, a escribir canciones y componer instrumentales. Cuando algo termina, algo empieza.
 Imagen extraída de http://victorielle.tumblr.com/

sábado, 31 de diciembre de 2011

A punto de acabar la cuenta atrás.

Hoy es el día número trescientos sesenta y cinco del año número dos mil once. Resumiendo: el último día de este año. Terminamos en sábado. Es un buen día para terminar. Lo malo es que empezamos el 2012 en domingo y los domingos son los días del tiempo que corre, las tardes de estrés y luego la gran decepción. Pero vamos a ver. No sé vosotros, pero yo el lunes no tengo clase. Ni el martes ni el miércoles ni el jueves ni el viernes ni el sábado ni el domingo siguiente, obviamente. Así que da igual si es domingo o miércoles o lunesviernes. El caso es que llegó la hora de decir adiós al 2011.
Para algunos, puede haber sido un año horrible, que queráis dejar atrás y con suerte olvidar. Para otros, un año genial, que desearían que nunca hubiese acabado. O puede que simplemente haya sido un año más, sin mucho en especial; ni fú ni fá.
Yo, por mi parte, pertenezco al segundo grupo, el grupo feliz y orgulloso de este 2011. Este año me enamoré, dos veces, una con desilusión sin llegar a empezar, otra vez en la que aún sigo feliz y que espero que dure mucho tiempo. Conocí verdaderamente a amigos de los que tenía mucho por saber, y también conocí, aunque no a fondo, a gente que vale la pena. He empezado por fin a expresar lo que siento, aunque no del todo y no siempre, por lo que se queda de propósito para este año que viene. He recopilado un montón de recuerdos maravillosos, de todo tipo. He viajado a París con mi familia y a Lyon con algunos de mis mejores amigos. He suspendido Sociales y he aprobado Deporte. He sacado un ocho en Plástica y un nueve en Biología. He mejorado mi canto. He comprendido un poco más a mi padre. He fijado mis principios. He llorado, he reído o simplemente me he quedado mirando al vacío, en mi propio mundo. Es imposible expresar todo lo que he sentido este 2012 en tan sólo una entrada no demasiado larga para que alguien me lea y todo. Pero bueno. Se acabó.
Ahora dejaremos de escribir al final de las fechas un 11, o un 2011 para pesados como yo, algunos antes que otros porque ya sabemos lo difícil que es cambiar esta costumbre. Lo cambiaremos por un 12, o un 2012 los pesados como yo. Nos burlaremos más que nunca de la profecía del fin del mundo. Los más ñoños pediremos un deseo con la última uva, que nos meteremos directamente en la boca como las once restantes, sin miedo a ahogarnos. Y... ¡puf! Un pestañeo, y... ¡adiós al 2011!
2011
2012

martes, 20 de diciembre de 2011

Saludad a la nueva Scrooge

No me lo esperaba. No sé qué dirección tomar ahora, qué hacer, en qué pensar. Hoy, cuando me desperté, pensé en él, como siempre. Me quedé un rato bajo el edredón, con la luz ya encendida, remoloneando. Subí a la ruta, un poco justa, como siempre. Pasaron las primeras horas, ultimé el trabajo de música y deseé que apareciese por allí en el recreo. El resto de clases se hicieron eternas, lo único que quería era salir ya, de una vez, verle, abrazarle y besarle.
Poco antes, promesa de pregunta fatal, sobre todo porque venía acompañado de un "no es bueno". Al rato ya estábamos, yo con un manojo de teorías a cada cuál peor, gracias a mi cruel imaginación, que no resultó ser tan cruel. En un banco, oyendo pasar los aviones, se terminó. Yo simplemente me hice pequeñita, un suspiro tan solo, en un cuerpo inútil, demasiado grande.
No quiero que nadie venga y me diga que es un idiota, que no me merece y todas esas cosas que se suelen decir en estos casos, porque no lo es, ni mucho menos, y no saben nada ni quiero que lo sepan. Porque yo no le quería, le quiero. Y me temo que le querré durante mucho tiempo.
Sin embargo, soy una idiota, y no distingo entre lo que son falsas esperanzas y lo que son esperanzas con cimientos, con fundamento. No puedo evitar aferrarme a su tampoco lo tengo claro, a que hace tan poco él me quería como yo a él, a que sigo aquí como alguien especial para él, a sus ojos mirándome.
Pero obviamente sé que sus ojos mirándome bien podrían ser de lástima, que podría ser alguien especial como amiga para siempre, que su tampoco lo tengo claro ya no lo sea. Ser la amiga hipergenial para siempre. En un segundo plano.
Es la primera persona con la que verdaderamente he podido decir exactamente lo que pensaba, lo que sentía, que me entendía. Tan parecido a mí que a veces no me lo creía. No hay personas repes en el mundo, no hay nadie como él. Quizás parecido. Quizás también tenga lo que yo quiera, lo que necesite. Pero no será él.
Si me rindo ahora, llegará un momento en el que que no sea él ya no me importe. Que me enamore de otra persona. Pero... sé que una parte de mí estará siempre esperando por él, en mi subconsciente. Porque él ha sido el primero de verdad, y también el más especial.
Supongo que escribo esto deseando que él lo lea, como leyó otras entradas cuando le pasé el link a este blog, este pequeño rincón de mi mente. Supongo que guardo la esperanza de que en el fondo me quiera aún, que no se haya ido del todo este sentimiento. Que encuentre dónde está la línea y yo esté en el lado del amor. También me preocupa que la lea, que le duela aún más, pero que lo que yo deseo no aparezca.
Antes detestaba los miércoles, con un horario demasiado apretado y nunca quería que llegasen. Ahora tengo aún menos ganas. Antes detestaba la Navidad, no me gustaba. Ahora la odio porque todas las falsas esperanzas florecen o se rompen en Navidad, mis sueños siempre se hacen añicos bajo la iluminación navideña.
Tengo por ley que los deseos que pida puedan ser cumplidos, que sean alcanzables aunque no estén del todo en mi mano. Esta vez estaba dudando entre dos deseos de Año Nuevo, que mi amiga se quedase aquí, que no se mudase, o que lo mío con él durase todo lo posible. Pero mi deseo será aún más egoísta. Desearía que no se enamorase de ninguna otra si hay posibilidades de que me quiera.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Perfecto

Tengo mucho, muchísimo que contar, pero no sé cómo contarlo. Pero después de años aguantando mis enamoramientos, mis dramas, mis locuras, mis excusas sobre por qué no escribo, mis tonterías y mis etcéteras varios, toca que os lo cuente, al menos un poquito. Ahora mismo, estoy absolutamente feliz. Aunque sigue la tristeza de saber que esa amiga, tan importante para mí, se irá a fin de curso, y puede que otra qué sé yo, el curso que viene, y las típicas preocupaciones de siempre; familia, exámenes. Pero... no sé. Lo siento de otra forma gracias a una persona, por muy cursi que suene esto.
Por una vez, no tuve la necesidad de contar cada detalle aquí, de saturaros con mis sentimientos de montaña rusa y mis dudas demasiado indecisas. Sí, lo admito. Desde julio tengo un diario, lo que ayuda bastante a poner mis pensamientos en orden y saber qué hacer en cada momento. Si no, supongo que aquí seguiría, super emocionada contándoos cada detalle de mi vida. Llegará un día en el que alguien se forre con esto. Lo digo en serio.
Después de ilusiones y desilusiones, conversaciones larguísimas que parecían durar cinco minutos, días en los que pensé en rendirme, saludos, tardes demasiado cortas, muchas sonrisas tontas y en medio de todo esto, sus ojos siempre mirándome, sonriéndome y animándome, de una forma u otra que, aunque al principio no era la que yo quería, cambió. Y ahora... ahora. Sinceramente, no sé cómo explicarlo sin ser demasiado pastelosa. De verdad que siento esta entrada edulcorada.
Por una vez en la vida, encontré a alguien incluso demasiado parecido a mí, que sentía y vivía las cosas como yo, un poco bastante en las nubes, un tanto perdido, con esa pequeña gran duda de cómo se da un abrazo. Pasé un mes y medio, quizás más, quizás menos, sin ser correspondida. Pero al final el esfuerzo dio sus frutos, y pasé de ser "esa buena amiga" a ser la persona de la que estaba enamorado. Después de una tarde que se me hizo demasiado corta, de excusas tontas para cogernos de las manos y abrazarnos, y un día siguiente un enjambre enorme de confusión y sonrisas tontas, el viernes pasado por fin pude aclararme. Y declararme, aunque nunca me ha gustado esa palabra. Suena demasiado judicial.
Aunque bueno. No fue una "declaración" convencional. Fue algo extraño; no, distinto. La tarde anterior él me preguntó por mis sentimientos hacia él, yo le respondí (después de mucho tantear) que prefería decírselo en persona. Al día siguiente, veinticinco de noviembre, conseguí quedar con él, tan sólo una horita, cosas que pasan cuando no se puede volver a quedar en dos semanas. Después de un buen rato de rebaños enteros de buenos, pueses y esos por mi parte, y sus ánimos y sus palabras por otro lado, conseguí decirle un te quiero. El primer te quiero que he dado nunca sintiéndolo de esa forma. Él no tuvo que decirlo, ya me lo había dicho momentos antes con un Si esto te da confianza, creo que sentimos lo mismo. Simplemente sonrió y me abrazó. Y después nos quedamos mirando al cielo, comentando lo tontos y desastres que éramos. Y muchas más cosas, que se quedarán entre nosotros, espero que para siempre.

domingo, 25 de septiembre de 2011

"LET'S FALL IN LOVE."


But that's why birds do it,
Bees do it,
Even educated fleas do it.
Lets do it, let's fall in love.

¿Qué tal todo? Mi última entrada fue hace ocho días, pero me siento como si la hubiese escrito ayer, y al mismo tiempo hace mucho, mucho tiempo. Una de esas entradas absolutamente indiferentes, que tengo muchas ganas de escribir pero que se evaporan. Absolutamente indiferentes al mundo. No sé qué me pasa últimamente a la hora de escribir, que no lo consigo. Me cuesta explicarlo todo. Porque, realmente, hay montooones de cosas que me encantaría contar. La mitad no puedo contarlas. Un cuarto no se entienden si no se vive. La décima parte, me he vuelto reservada también por aquí y no la cuento. Y la quinta pierde la gracia sin todo lo demás. ¿¿¿PERO QUÉ HAGO CON MI BLOG??? Con lo que me encanta escribir. Y de dejarlo, nada. Que os veo a todos como muy alejados de blogger y tengo miedo de volver un día y que resulte que os habéis ido definitivamente. Se siente, me tendréis que aguantar por aquí. Pero de buen rollo y a lo Strawerry Fields. [PREGUNTA DEL SIGLO: ¿Cómo se está a lo Strawerry Fields? En fin, la estoy escuchando, me envuelve y me derrite el corazón, y de paso el cerebro. Y me ha salido del alma, que es lo único que no se me ha derretido.]
Bueno. Veamos. Realmente no es la mitad entera. Pero una cosa llega a otra y, veamos. A lo internet. Puedes empezar viendo un vídeo de Blondie y acabar viendo a pandas mirando amenazadoramente un iPad. Pero para llegar a la última has necesitado la primera, sin ella nunca habrías llegado a los pandas hostigando iPads. ¿No es verdad? Pues ya está.
Lo que os puedo decir es que este verano, sobre todo a finales, he desarrollado un desprecio especial hacia una persona llamada Verde (lo siento, árboles del mundo... lo hicimos al azar.), mis amigas están deslumbradas por esto de salir en grupos grandes, hay mucho culebrón y mucha pillada, y muchas miradas de odio sin disimular. Y una mezcla entre pena y felicidad egoísta. ¿Sabéis esas veces que una amiga se echa novio y ya es como si estuviesen pegados por los hombros? Mi caso es triple.
El jueves (¡SÍ! Tercer día de clase, y no sólo este, también otro más de enfermedades ayuverdiques) nos mandaron un trabajo, con plazo de tres semanas, de doblaje en francés. Va así: coges una escena de unos tres minutos de una película cualquiera en la que hablen dos personas, y bajas el volumen y creas un nuevo diálogo, que signifique una situación completamente distinta. Hay que ensayar hasta que quede creíble, intentar hablar al tiempo de los labios de los actores, no cometer faltas gramaticales... el caso es que este trabajo me encanta.  Me gusta esto del doblaje, aunque si me preguntáis cómo se me da, os diré que no tengo ni idea. Igual bastante mal. Pero en fin, con esfuerzo y tres semanas, me parece que no irá mal.
Al principio no me entusiasmaba demasiado, sobre todo por cómo iba la clase. Me tocó sentarme sola (bueno, sola en teoría, porque delante estaban Laura y Andrea y detrás Daniel y David. Más sola que la una, ¿no se nota?) y a Elías, sí, mi querido amigo, esa persona con la que no me llevo peleando desde hace ya años, con quien llevo en la misma clase desde infantil, le dio la feliz idea de sentarse conmigo. Me daban ganas de estamparle la silla en la cabeza. O por lo menos clavarle el lápiz, o metérselo por una oreja de forma que le saliese por la otra. Después de pasar media clase preguntándonos al Sr. Delegado y a mí que si fumábamos cada cinco minutos de cronómetro, ironías que no pillaba, ataques psicóticos por su parte e intentos de controlar los míos, explicó la de Francés lo del trabajo. Y yo pensando: ¡YUHU! Menudo día que decidí sentarme sola. Pero la profesora cambió de idea después de ver mis miradas de exasperación y dijo que las parejas serían libres. En principio se iban a poner David y Mr.Delegueision juntos, pero Elías le pidió a David que lo hiciese con él... y yo metí baza, que os voy a decir. Me agobia esa sensación de sobrar, de estar sola. Y David... ¡accedió! Yo no me lo esperaba. Y aunque sé que nunca leerá esto, principalmente porque no sabe que tengo un blog y segundo porque es un pasota que si lo supiese no lo leería, ¡muchas gracias! Has sido mi salvación. Ya me veía yo con el piojo ese... así que al final hago el trabajo con el Sr. Delegado. Hey, ¡no está mal! Así me aseguro de no hacer yo todo el trabajo, como pasó con cierta teoría de placas...
Él ha elegido Sherlock Holmes, y yo la de Planes Para Mañana. Ahora hay que buscar una escena flexible en alguna de las dos. Preparaos, que igual grabo las voces y os reís un rato.
Microdiálogo:
- ¡Estás empapada! ¿Está lloviendo? 
- No, allá arriba me vieron y decidieron bautizarme.

viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Y se comieron las perdices?

¿Sabéis una cosa? Todo el mundo habla de "y vivieron felices y comieron perdices", de ser felices para siempre, de "happily ever after". Pero realmente... ¿qué es la felicidad? Hubo una vez que me peleé con una amiga, nos dio la vena poética, y nos pusimos a hablar de la felicidad. Para ella era un momento, un instante a veces, cuando pasaba algo que le gustaba, algo bueno. Para mí es algo así como una base. Es decir... yo estoy feliz con el mundo, aunque pasen cosas terribles; estoy feliz conmigo misma, aunque a veces me vea bastante fea; soy feliz. Cuando lloro, cuando grito de rabia, cuando me emociono, (cuando escribí la entrada anterior, también), sigo siendo feliz. ¿Realmente un estado de ánimo sustituye a otro? Me refiero a que por ejemplo, si te enamoras, estás enamorado estés de los nervios o más aburrido que una ostra. ¿No es ser feliz algo así? Si queda algo, una parte te sigue sosteniendo, sigue sosteniendo tu felicidad. Como una mesa con muchas patas. Las cuatro base, o tres si eres una mesa triangular, son lo más importante para ti; amor, amistad, familia, música, estudios, éxito, qué se yo. Y estas  son las que sostienen principalmente el tablero de tu mesa. Y después tienes un montón más: el internet, ese peluche que tenías de pequeño, el nuevo álbum de tu grupo favorito, leer el periódico, dibujar... estas también sujetan tu felicidad, pero en menor grado. Y puede que, si la pierdes, no notes nada. O quizás algo así como cuando estás saliendo de casa y se te olvidan las llaves.
Aunque supongo que estar y ser feliz son cosas distintas...
Tengo que agradecer a Kuru-chan y Floppiie sus comentarios en la anterior entrada... por muy egoísta que suene esto, me alegró saber que no estaba sola, que existen más personas que se sienten como yo. Estoy pensando en colgar la frase que me pasó en el blog. Pero como no sé si cabrá en la columna lateral, por ahora lo pongo aquí:

"Salgamos de una vez. Salgamos a buscar camorra, a defender causas nobles, a recobrar tiempos olvidados, a despilfarrar lo que hemos ahorrado, a luchar por amores imposibles. A que nos peguen, a que nos derroten, a que nos traicionen. Cualquier cosa es preferible a esa mediocridad eficiente, a esa miserable resignación que algunos llaman madurez."

Hoy amaneció nublado y fresco, un clima otoñal que me encanta. Definitivamente, espero que pronto llegue de verdad el frío, la lluvia, los días nublados y, por supuesto, la nieve. Pero la nieve es cosa de invierno.
Sinceramente, me fascinan las tormentas de verano y la noche de San Juan, pero detesto el calor, la modorra, el calor, el bochorno, el calor, el sueño que me da el calor y no poder dormir exactamente por eso. La primavera no me desagradaría sino fuese por la maldita polinización, y mi alergia al polen. Y además, desde hace unos años, la primavera dura un mes, un ínfimo mes, porque se la comen el invierno y el verano. Pero claro, la polinización no opina lo mismo que el calentamiento global, y decide continuar los tres meses que le correspoden.
Os advierto que yo soy muy especial y muy genial y sigo el orden que me da la gana.
Entonces, sigo con el otoño. Me encanta. Lluvia manejable, hojas por todas partes, ese cambio a dorado de los árboles. El fresco matinal durante todo el día, pantalones largos y manga corta o tirantes, una sudadera pero sólo por si acaso, pañuelos, quizás el primer edredón. El viento, aunque ahora que llevo el pelo largo no me gusta tanto.
Ahora, sí por orden, el invierno. Me encanta el frío, los abrigos, vestirme como una cebolla, los gorros, las bufandas, los guantes, la nieve y cómo se posan sus copos en las personas, el año nuevo, aunque no tanto pasarlo lejos de casa, las luces navideñas, la niebla.
Y ahora empieza el otoño, exactamente en el aniversario de mi primera regla y el día que me pusieron los brackets. Aunque siempre empieza cuando le da la gana, me encanta esto de las fechas, de escribirlas en números grandes y elaborados en todas partes.
Teniendo estas manías extrañas a los catorce años, cuando tenga sesenta, voy a ser insoportable.

sábado, 20 de agosto de 2011

¡Que nos llueven los langostos!

¡Holacaracola! ¿Qué tal? No soy Kinder, soy la sombra de sus deseos. Porque Kinder vuelve el veintidós, y yo, la sombra de sus deseos, volví anoche... ¡oh, mother of frog! Sí que soy Kinder. ¡He podido volver antes! ¡YUHUUU! Ya estaba desesperada. Estaba muerrrrta de aburrimiento, y más sola que la una. 
[MOMENTO PREGUNTA: ¿Por qué está sola la una?]
Pasé doce aburridos y calurosos días en el pueblo perdido en el que estaban mis abuelos. Al principio (en fin, los dos primeros días) no estaba del todo mal. Jugaba a HM Grand Bazaar, leía, dormía... y en fin, no escribí. Pero no por falta de ganas, precisamente. Me bloqueé. Ideas al menos ochenta y tres por ciento. Total. Al cuarto día ya empecé a preguntar sobre la fecha en la que nos íbamos a Galicia. Y al quinto, empecé... empecé a dormir la siesta. SÍ, YO, KINDER, DORMÍ LA SIESTA. La veo como una pérdida de tiempo, que además me deja grogui en lo que queda de día. Ya, a partir del sexto, estaba absolutamente desesperada.
Pero tuve un día, un día de reírme hasta quedarme afónica y todo. Tuvimos que volver a Madrid para recoger a la novia de mi padre antes de irnos a Galicia. Total, que me bajé del coche y me fui a comer a casa de Andrea, espaguetis, por cierto. Después de comprobar en el calendario que no coincidíamos hasta casi empezar el curso, pues nada, nos fuimos a jugar a la wii. Y es que somos muy normales y nos pasamos una hora y algo haciendo un test de amistad una y otra vez. Pero fijaos, valió la pena: quedamos segundas en el ranking de mejores amigas. Y terceras, segundas y primeras en el de peores amigas. Y es que sacamos incluso un ocho. Un ocho de cien.
Después, quedamos con Ruth y la seguimos por delante. Porque estaba muy acarameladita... y no quisimos molestarla. El problema fue que después llegamos media hora tarde y no sabíamos dónde estaban Ruth, ni su caramelo (vale, eso ha sonado realmente mal) ni los amigos de Ruth y el caramelo. Y en cuanto nos vieron, mientras que nos íbamos exactamente en dirección contraria, nos llamaron. Y da la casualidad de que distinguí una voz, me giré, y allí estaba. ¿Quién? Juas. Nunca lo sabréis.
Después, tocó Galicia. No hay mucho que decir, salvo que todo esto de la visita del Papa y de los langostos es absolutamente indignante. Yo veía las noticias, y alucinaba. Estamos en una enorme crisis económica, y sólo se les ocurre coger, sin ni si quiera consultarlo, tantísimos millones de euros de los impuestos de la gente de a pie. Y hay manifestaciones, cuya existencia es un derecho, y les echan. Pero no amistosamente, sino golpeando a la gente. En las noticias vi cómo pegaban a una niña, sin reparos. Os dejo algunos enlaces a vídeos. De verdad, es para echarse a llorar.
http://www.youtube.com/watch?v=ElyYvoeSvhI
http://www.youtube.com/watch?v=8Q4qLY9jDGE
http://www.youtube.com/watch?v=UfC_EeHmd3Q
Soy atea, desde que pude decidirlo. Nunca se me impuso ninguna religión, pero se me dio a conocer. No estoy ni bautizada. Pero hay familias enteras, que están en la calle; recién graduados que no pueden trabajar por no tener experiencia, que no tienen porque no les dejan trabajar. Y con todo este dinero que se ha gastado, o simplemente con todo el oro que llevará el Papa encima, se podría solucionar una gran parte de la hambruna de Somalia. Y no sólo está la gente atea o de otras religiones en contra de esto. Es que también hay muchísimos católicos en contra de todo esto.
Dicen que generará mucho dinero. Pero no es cierto. Se lo paga casi todo el estado español.
La religión no debería dirigir de esta forma el gobierno, ni tener tantísimo dinero en su poder. La religión es algo que dirige la vida de ciertas personas, pero totalmente opcional. Y lo peor es que ni si quiera se tiene respeto por el resto de religiones y posiciones. En la manifestación dejaron muy claro que no estaban en contra del Papa. Estaban en contra de su visita y lo que esta conlleva.
Yo sé que todos los que vienen a ver al Papa no son iguales. Pero esa es una celebración privada. Y esto no es justo, es una vuelta a la Edad Media o al nazismo. Es horrible.