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jueves, 21 de junio de 2012

Que todo esto acabe ya. Ahora.

Quedan tres días -y una hora- lectivos antes de las vacaciones de verano, con un fin de semana entre medias. Hoy no he ido a clase. Últimamente lo más productivo que hacemos es ver una película y aunque hoy, en principio, también iba ir a clase, perdí la ruta y me quedé en casa. Ha sido una buena mañana; sola, jugando a los Sims, vagueando, escuchando música. Me gusta pasar el tiempo así.
Normalmente no me importa demasiado ir a clase aun para estar en el recreo las siete horas. Pero como ya dije, las cosas con mis supuestos amigos no van precisamente bien desde hace un tiempo. Tengo ganas de que llegue el año que viene y estar en otra clase, no verles, no tener que aguantar sus miradas burlonas cuando abro la boca y piensan "bicho raro".  Sólo conservo a una amiga en el instituto, y a otra persona a la que no sé qué considero ni qué me considera y que no sé qué me hace más mal, si verla o no. Mi amiga no me aburre, ni mucho menos. Pero sé que a ella le gusta estar con los demás, y yo no les soporto ya. Así que hay momentos en los que me siento un estorbo.
Hace ya mucho que me agobian montones de cosas. La mayoría del tiempo consigo dejarlas en un segundo plano, pero al quedarme en silencio más de treinta segundos en el edificio vacío que ahora es el instituto se me echan todas encima. Me agobian, me agotan.
Empieza el verano. Quiero alejarme de todas estas preocupaciones. Quiero aprender a perdonar a mi padre, a saber cómo quererle. Quiero dejar a un alguien muy concreto en un segundo plano, sin olvidarle ni perderle de vista. Quiero conocer más personas que valgan la pena. Quiero volver a enamorarme, pero sé que ahora mismo es casi imposible. Me gustaría que mi silueta se difuminase en una nube de humo y que, al dispersarse, apareciese yo siendo un globo sin que nadie supiese que lo soy excepto aquellos dispuestos a ir a buscarme. Y entonces, salir flotando, dejarme llevar entre los edificios, entre las nubes, más allá de la capa de ozono y ver las estrellas.

domingo, 17 de junio de 2012

El avestruz de Troya

Érase una vez un trabajo de tecnología; un robot que no se chocase, nada excesivamente complicado. Érase cinco personas a los que todos creían amigos pero que no lo eran. Érase una carcasa con forma de avestruz para el robot. Érase yo que me ofrecí a hacerla. Érase una carcasa que parecía sencilla de hacer pero que, por falta de cartón, ya no lo era. Érase tres de las personas que no apreciaban el trabajo de nadie. Érase una persona que estaba harta. Érase una persona que era yo. Érase un fin de semana después de los exámenes; érase mi cerebro con ganas de desertar y salir volando del instituto de una vez. Érase una vez el corazón en mi pecho que tenía ganas de dejar salir por la boca todo aquello que llevaba tanto tiempo conteniendo. Érase un cerebro que meditaba si hacerlo o no. Érase yo, que no iba a hacer el avestruz y que, aunque por una pequeña parte se sentía algo culpable, tenía ganas de demostrar que si ellos me importaron y yo ellos no, si tanto daño me hacían, ellos a mí, desde ahora, tampoco.
Érase un cerebro que salió volando a lomos del corazón.

lunes, 4 de junio de 2012

Ínfima solicitud

Solicito un cambio en mi cartilla de nacimiento. No es nada demasiado complicado, ni edad ni sexo ni nacionalidad, que tan difícil parece y tantas ganas tienen todos de cambiarla. No, nada de eso. Quiero cambiar mi día de nacimiento. No hay mucha diferencia, sólo un par de pares de días. Un traslado de mi cumpleaños del seis de junio al diez.
Mientras leéis esto, pensaréis: ¿otra vez dando la nota? ¿No le valía con tener miedo a los delfines, también tiene que querer que falte más para su cumpleaños? He pasado un tiempo sin escribir, más de miedo mes, un medio mes que me parece una eternidad teniendo en cuenta lo lejana que veo la última entrada. No creáis que he estado muy ocupada, que he tenido muchos exámenes que estudiar y trabajos que entregar y que por eso se me ha pasado así el tiempo. No. Para nada. Es más, últimamente los días se me pasan lentamente, como una tortura silenciosa. Aunque todo hay que decirlo, los fines de semana están aparte.
Pero es que estoy harta. Harta de todos esos adolescentes en el instituto, que se creen el centro del mundo, que lo saben todo y que tienen más derecho que nadie a juzgar a los demás y que no piensan más allá de esa ridícula pirámide social que se han inventado, tan parecida a la Edad Media. Harta de ir a clase y no hacer nada por culpa de cuatro idiotas. Harta de todas esas personas que dicen apreciarme, quererme, ser mis amigos y a los que no les importo una mierda. Harta de llorar. Harta de no llorar con tal de que no me pregunten. Harta de que mi madre crea saberlo todo y no escuche ni intente comprender. Harta de tener la maldita amenaza de mi padre cada día, de encontrármelo al volver de clase. Harta de desconfiar de la gente, harta de confiar en los que he confiado. Harta de no poder dedicar mi tiempo a lo que me gusta. Harta de estar absolutamente perdida y no tener nada claro. Y, por encima de todo, harta de mí misma. Porque tengo la autoestima por los suelos, y por eso me odio aún más y mi autoestima va a peor.
Desde hace una semana, más o menos, lo único que verdaderamente me hace sentir bien es la música, cantar. Me pasaría los días en la escuela de música ensayando, mejorando, o simplemente cantando. Pero no. Yo, la alumna a la que todos los profesores adoran, a la que cubren de flores, la que tan bien amueblada tiene la cabeza, estoy harta de estudiar. No quiero estudiar, no así. No quiero tragarme siete horas de clases que ya ni si quiera son clases con gente a la que no aguanto y sin aprender nada. Hay montones de cosas que estudio en el instituto de las que me gustaría saberlo todo. Pero claro, hay un calendario, veinticuatro alumnos, gente sin ganas de hacer nada, cansancio y miles de apuntes que aprender de memoria. Decidme, ¿para qué sirve eso? Aprenderse cosas de memoria y después vomitarlas en un examen. O aprenderse mapas y mapas y mapas, físicos y políticos, sin ganas de viajar y descubrir el mundo. Estudiar Historia de la Música sin escuchar la música que hizo historia. Aprender de memoria qué líneas trazar y qué colores usar, pero nunca usándolos. No culpo a los profesores, es más, los que tengo yo, por lo menos, saben muchísimo. Pero nunca hay tiempo para que nosotros aprendamos nada excepto lo que se utilizará más tarde. Estamos en la Edad del Sentido Práctico. Pero para mí el sentido práctico no tiene sentido.
¿Recordáis mi teoría de la mesa? Pues bien. La mía hace tiempo que se derrumbó. Pérdida de los amigos, y con esto darme cuenta de que todos los recuerdos eran acciones y poco más que mentiras. Corazón roto. Abandono. Dudas existenciales. Soledad. ¿Y qué queda? La música, que además mete todo lo malo en el bolso de Mary Poppins y lo saca convertido en sentimientos en forma de sonido.
Me cuesta sonreír, me cuesta reír. Me cuesta escuchar a los que ya me he dado cuenta de que son amigos de quita y pon sin pensar en desaparecer de una vez.
Lo que quiero decir con todo esto es que no quiero cumplir años así. No quiero cumplir década y media habiendo llorando la noche anterior, sin ganas de que nadie me felicite, esperando a que "él" venga a felicitarme, temiendo que llame mi padre o incluso que venga, teniendo que ir a clase, teniendo que afrontar un examen de física y química con ese profesor que no me entiende lo más mínimo, teniendo que ver a todas esas personas que con cuatro frases tan cotidianas para ellos me enfurecen. Las personas que me quieren las cuento con los dedos de las manos. Las que lucharían verdaderamente por mí ni si quiera las sé contar. 
No quiero cumplir años así. No quiero.

domingo, 13 de mayo de 2012

Viva yo. De nuevo.

Después de terminar de leer Ana Frank -mejor libro incluso de lo que esperaba-, tracé una especie de plan para esta tarde. Pondría un álbum cualquiera de The Beatles, escribiría una entrada un poco bastante distinta a esta como preparación y me pondría a escribir una historia de verdad como hace tanto que no hago. Me muero de ganas. Pero ni si quiera tengo una idea fija. Tengo en mente un paisaje, una casa, un bosque y unos cristales empañados por la lluvia, pero poco más. Con ideas o sin ellas, soy el tipo de persona que siempre deja las cosas a medias. Creo que es el rasgo que menos me gusta de mí.
Además me cuesta mucho escribir algo inventado últimamente si me pongo en serio. Cuanto más en serio me pongo, peor. Soy demasiado quisquillosa, demasiado perfeccionista, y nada de lo que hago me sigue gustando a los cinco minutos. Además, estos últimos meses estoy reanalizando análisis, por así decirlo. Los análisis son sobre la gente, sobre el mundo en general. Y hace un tiempo que caen en picado y ya no sé los que son acertados y los que no. Otro dilema es que no sé para qué público escribo. Infantil no, obviamente. Pero tampoco quiero escribir tontas novelas adolescentes. Tampoco le veo la gracia a las novelas para adultos -¿hace falta decir que también tengo dificultad para encontrar qué leer? Así que... ¿qué escribo, cómo lo escribo? La respuesta es muy fácil, lo que me de la gana, pero eso orienta más bien poco. Así que aquí estoy, escribiendo una entrada sin conclusión ninguna que nadie leerá. Viva yo.

domingo, 6 de mayo de 2012

Here Comes The Sun

Estoy recomponiéndome. Aún soy muy frágil, no he reconstruido ni la mitad de mí y el pegamento de la parte reconstruida aún no se ha secado. Últimamente todo iba de mal en peor. Sólo había una cosa que me mantenía: la música, el sueño de ser cantante. No sé muy bien por qué esa parte no se derrumbó; supongo que es porque la música no se va a levantar un día diciéndote que ya no te quiere, ni al escuchar tus pensamientos va a juzgarte sin dejarte acabar de contar tu historia. La música nunca te abandona. Los artistas que la hacen no te conocen ni les importas, lo sé, pero quizás sea mejor así. Al escuchar su música entras en sus sentimientos y de alguna forma también entra la canción en los tuyos, para volverse parte de ti. Desde hace unos meses dormía sólo si estaba agotada o si me calmaba alguna canción -All Things Bright And Beautiful, de Owl City, para viajar a otro mundo lejano donde poder ver las estrellas, Birdy para no asustarme de mis pensamientos, Safe And Sound, de Taylor Swift, para consolarme cuando me moría de miedo y soledad...
Poco a poco me rehago. Voy ordenando mis pensamientos escribiéndolos, sacándolos de mí, cantándolos con canciones hechas por otros para ellos mismos, pero haciendo que sean para mí. La última entrada fue un autorretrato, un autorretrato real pero no objetivo. A todo le describía su lado malo, pero no su lado bueno. Ahora sé que todo tiene su lado bueno y su lado malo, y que el peso de estos depende sólo de la persona que los describa. Antes de escribir la entrada me odiaba, pero después fue como una liberación. Ahora no me odio, me reprocho. Con el odio no hay mejoras, con el reproche -si luego hay reacción- sí. Aunque debo admitir que hay partes de mí que no entiendo -y eso me lleva a odiarlas- aún después de esto. Pero bueno... yo soy yo y mi reflejo cambiará con el tiempo, pero en realidad siempre seré el mismo cuerpo. Así que no me queda más remedio que aceptarlo de la mejor manera posible.
No he recobrado la confianza en mi madre, pero creo que la he perdonado. O al menos lo estoy intentando, me estoy esforzando en ello. La confianza no se recupera, ya cuesta lo suficiente ganarla. Pero tendré que aprender a vivir con eso, a entender que hay situaciones que se enfrentan solo. Mi padre es otra cosa, porque me seguirá haciendo daño mucho tiempo. Y no sólo a mí. Probablemente hasta que muera, por muy oscuro y horrible que sea esto. Pero creo que es cierto. Que no sea culpa mía no sé si es consuelo o tortura.
También he tenido un desengaño en cuanto a la amistad. Los amigos se cuentan con los dedos de las manos, pero a mi edad con sólo una. La amistad es difícil de encontrar, casi tanto como el amor, y también puede ser no correspondida. Y aunque al tiempo le demos igual al pasar pone las cosas en su lugar, como un maniático del orden muy estirado. Al menos tengo verdaderos amigos en los que apoyarme, que también es poco común.
Tengo que prepararme para el verano, que me temo que será más duro que nunca. Pero habrá que sobrellevarlo y aprovecharlo, porque después de todo es posible -si me hago fuerte, está claro. Es seis de mayo, y el día de la madre. Van a ser unas semanas difícil hasta que todo se estabilice, aunque puede que no se estabilice hasta el curso que viene. Pero voy a resistirlas e intentar ser feliz. Creo que la clave de la felicidad es eso: querer la felicidad y intentar ser feliz.
"Here comes the sun, here comes the sun..."

martes, 1 de mayo de 2012

Autorretrato

Aún soy un ensayo de persona; estoy cubierta por andamios, que a su vez están cubiertos por anuncios publicitarios de alguna marca de moda. Intento ser sincera, decir lo que siento y lo que pienso, pero me cuesta mucho y a menudo duele. Me hace revelar mis debilidades y llorar. Soy muy llorona, soy un piscifactoría de lágrimas donde fácilmente se podrían criar salmones. Lloro de tristeza, de desesperación, de alegría, de risa, cuando leo un libro, cuando veo una película, cuando escucho una historia, y cuando veo a alguien llorar. Extraña cualidad, igual que yo. Sé que todos somos extraños, distintos, y que eso es maravilloso y no se debe esconder. Pero a menudo pienso que soy demasiado extraña o que destaco demasiado. Estoy cansada de que me miren como a un bicho raro. En realidad sólo destaco de esa forma. Me acuerdo de todas las personas con las que intercambio un par de palabras, comparto pasillo o simplemente me cruzo por la calle. Sin embargo, nadie parece acordarse de mí. Nunca. Soy ambiciosa, a menudo demasiado. Me avergüenzo y preocupo si soy el centro de algo, pero al mismo tiempo una parte de mí da un salto de alegría. No tengo seguridad ninguna, ni en mí misma ni en el resto del mundo. Me odio. El resto del mundo o me aterra o lo adoro, pero nunca lo odio. Sin embargo no sé confiar en nadie. No puedo. Antes sí podía, pero me despedazaron y al intentar reconstruirme se perdieron muchas cosas, entre ellas la confianza. Soy muy miedosa también. Mi mayor miedo es la soledad, el resto vienen solos. No me asusta cruzar un pasillo oscuro al caer la noche o quedarme sola en casa, pero sí quedarme a oscuras bajo el edredón por la noche antes de dormir, a solas con mis pensamientos. Pienso demasiado. En inglés existe un sustantivo y adjetivo: overthinker. En español no. Pero aun siendo en otro idioma me describe a la perfección. De cualquier detalle imagino miles de situaciones diferentes, pienso, repienso y vuelvo a pensar, como mi propia tortura. A menudo desearía poner en off mis pensamientos. Pero no puedo. Hace tiempo que ni si quiera la música les calla. Soy soñadora, me gusta imaginar el "¿y si...?". Me emociono enamorándome de extraños que me cruzo en la calle, en la escuela de música, en el parque. A menudo me pierdo en mi imaginación y mis pensamientos, y me es difícil bajar al mundo real, casi imposible. Hay veces en las que mis sueños son mejores que la realidad, más felices, más luminosos. Soy fácil de entristecer. Hubo un tiempo en el que era optimista, pero eso ya pasó. Ahora sólo intento ver la realidad. Pero cada vez me gusta menos. Este año pasado empezaron a gustarme las ciudades, pero estos últimos días me he dado cuenta de que no sólo el aire está contaminado en la ciudad, sino también las personas. Además en la ciudad no se ven las estrellas. Me gustaría encontrar a alguien a quien le guste tanto mirar las estrellas como a mí. Y enamorarme y que él se enamorase de mí. Soy una eterna romántica y enamorada del amor. Quiero demasiado, demasiado en cantidad y demasiado en corto tiempo. Soy el tipo de persona que necesita que cuiden de ella a tiempo completo, pero está visto que nadie quiere. Ni si quiera mi madre o mi padre. No creo en la familia, ni que yo haya tenido la culpa de no importarles. Puede que sí de que no me conozcan. Pero la mayor parte de mi mal humor viene de ahí. Y si explotase sería mucho peor. Me enfado mucho, grito mucho, lloro mucho y soy silenciosa y no hablo si creo que no me van a entender. Me duele mucho cuando no me entienden y no intento explicarlo. Me preocupo por los demás, pero si hay algo que me pueda afectar, soy una egoísta. No me convierto en egoísta, lo soy. Soy una idiota egoísta y egocéntrica. Soy una mala persona, aunque todos digan lo contrario. Hago daño a los que quiero si no estoy de humor, y no intento contenerme. Odio y adoro estar sola. Cuando lo estoy, pienso con claridad, lloro sin aguantarme, me hago un ovillo bajo una manta y veo películas, anime, escribo mentalmente una historia aleatoria, miro fotos... me encanta mirar fotos. Son como una ventana a otras vidas, otros pensamientos, otros lugares, otros recuerdos. Tengo un talento innato para el dibujo, pero nunca creo que sea suficiente para nada. No sé si me gustaría dedicarme a eso o no, pero creo que no, simplemente por llevar la contraria a todos esos que me decían que iba a ser una gran pintora y me pedían dibujos y decían cosas como que en unos años los venderían por millones. Sé que exageran, pero también que la facilidad que tengo para entender las líneas no es común, y me siento culpable por desaprovecharla. Lo que verdaderamente me llena y me hace feliz es cantar. Me pasaría los días cantando. Moriría feliz si pasase todos los días de mi vida cantando, y me gustaría dedicarme a ello. Pero tengo miedo al mundo y a lo difícil que es triunfar así en él. El mundo es muy triste, muy grande y pequeño a la vez, incomprensible y maravilloso, pero duele tanto... hay días en los que imagino que dejo de querer tanto a la gente, que dejo de prestarle atención. Y sé que no podría, pero que quizás si lo consiguiera sería feliz. Pero también me pregunto si podré sobrevivir al mundo, y no lo sé. Sueño con el futuro, con las cosas buenas, pero también con la no tan lejana vejez, y me pregunto si habré hecho todo eso que quería hacer, si me arrepentiré de no haber hecho ciertas cosas. Tengo miedo a que mi vida pase como una bicicleta cuesta abajo, sin frenos, y que de pronto un día encuentre que me muero. Y que después, no vuelva a sentir nada. No me imagino el después, porque en ese después yo ya no estaré, no sentiré ni pensaré nada. Mientras tanto, echo de menos cuando aún no llegaba a ver qué había encima de la encimera de la cocina y llevaba zapatitos rojos, y me daba igual mi reflejo en el espejo. Creo que, cuando dejas de creer en la magia, el resto de tus esperanzas caen una por una, como en efecto dominó. Te das cuenta de que eres cobarde, de que nunca tendrás una aventura de la que seas tú la heroína, que nunca recorrerás America Latina en moto como Che Guevara. Que viajarás en avión, viajes eficientes y seguros, sin arriesgarte ni sentir demasiado. Harás turismo, verás unos cuantos monumentos, y aun así no entenderás el lugar en sí. No crearás recuerdos porque no eres más que un turista, alguien que va unos días y seguramente nunca vuelva. Me gustaría borrar todo esto. Todos estos pensamientos, estas conclusiones, borrarme a mí misma y volver a dibujarme. No me gustan los libros de adultos; no te hacen soñar. Tampoco los de adolescentes; lo escriben adultos que no te toman en serio, que consideran que todo lo que te pasa ahora se irá al volverte adulto. Me gustaría volver a leer libros de niños, pero ya no los entiendo. Ya no sé soñar realmente. Tenía miedo de crecer, y lo sigo teniendo, pero también de haber crecido, porque lo he hecho. ¿Crecer antes no era un sueño? "¿Y tú qué quieres ser de mayor?". Era una aventura. Y ahora, al elegir verdaderamente, te encuentras con que nada es lo que esperabas y todo son exámenes, créditos, títulos, asignaturas que no te interesan y un trabajo que ni si quiera sabes si encontrarás. Estoy desesperanzada. Pero creo acertar si digo que yo no soy así. Estoy enamorada. Horriblemente. Pero nunca se correspondió y nunca se corresponderá, aunque yo nunca lo acepte ni lo aceptaré y una parte de mí esté siempre esperando. Me he dado cuenta de que los amigos a mi edad no se cuentan con los dedos de las manos, sino que tienes suerte si usas una de las manos. No sé si creo en el concepto de amistad. Espero que sí.
Podría seguir así millones de palabras más. Pero son las doce, y me apetece intentar ver las estrellas antes de dormir. Soy un desastre de persona y, como un gato abandonado en un cubo de basura, estoy esperando a que alguien venga y cuide de mí. Aunque no sé quién querría. Soy un gato distante, malhumorado y llorón, y no muy bonito. Insoportable. Supongo que, si alguien me quiere, sabré que me debe de querer mucho para soportarme.

viernes, 2 de marzo de 2012

Desahogo necesario.

Fin de semana de horror, como otros que ha habido ya desde hace mucho tiempo. Puede que no hayan sido muchos, pero sí demasiados. Estoy agotada, ya son cinco años así. Cada día como ayer me destruye un poco más por dentro. No quiero que vuelva a pasar, pero no puedo hacer nada por evitarlo, porque no depende de mí, porque sola, sin ayuda ni intervención nada está en mis manos. Desde los nueve años llevo siendo tratada como un paquete que va y viene, que nadie quiere tener más que para lo bueno. En realidad somos dos paquetes, mi hermano pequeño y yo. Realmente no sé qué haría si fuese sólo yo la que fuese y viniese. Me sentiría aún más sola. Pero también eso me da responsabilidad, una responsabilidad que no me corresponde a mí y que me impide salir corriendo cuando lo necesito.
Cuando mis padres se separaron, recuerdo que justo después de que mi padre saliera por la puerta mi hermano y yo estuvimos mucho tiempo, no sé cuánto, abrazados a mi madre, llorando. Pero verdaderamente no sabía por qué lloraba. Quizás porque no entendía ni asimilaba del todo lo que estaba pasando, porque me daba cuenta de que todo iba a cambiar y no sabía cómo. Pasaron los días; cambios de casa, mudanzas; días extraños. Realmente no recuerdo muchos detalles, sólo que vivía en casa de unos amigos, cambiando de vez en cuando. En la primera casa de mi padre pasé mucho miedo, tristeza, aburrimiento. Él lloraba mucho, nos gritaba e insultaba. No estaba ni estoy acostumbrada a eso, y siempre he sido muy sensible a esas cosas, además de miedosa, así que empecé a tenerle miedo. Sin embargo no me planteaba si me gustaba o no me gustaba ir allí, si me sentía bien o mal. Antes no le daba importancia a casi nada, vivía completamente en las nubes y no sentía el paso de los días. No era consciente de nada. Una vez que nos tuvo que dejar con una canguro una noche, por la mañana cuando se suponía que estaba dormida, vi como una chica salía de su cama y rápidamente salía por la puerta.
No sé cuánto tiempo pasó viviendo allí, pero después volvió a mudarse a una casa en un pueblo de Segovia. Allí más o menos teníamos nuestra propia habitación, una pequeña buhardilla que compartía con mi hermano. Al tiempo empezó a vivir con una "amiga", una chica de veintipocos que estudiaba Bellas Artes y trabajaba en un bar por las noches. Era simpática, eso es lo que recuerdo.
Una noche, una de esas noches en las que se suponía que estaba durmiendo, un fin de semana en el que ella no estaba, oí cómo dejaba a mi padre por teléfono, que de nuevo, como cuando peleaba con mi madre por las noches, daba golpes a las cosas y replicaba como un crío. Me alegré, aunque no me pensé mucho el por qué.
Pasó el tiempo. Pasamos una semana o dos con mi abuela a solas allí, que vino a cuidarnos porque él no podía. Entonces me lo pasé bien. No me sentía atrapada como normalmente me pasaba allí. Esa fue la única vez en la que me sentí bien, en casa, allí. Pero eso fueron sólo unos días. Después volvió, volvimos a la rutina del intercambio de paquetes como siempre, y pasado un tiempo empezó a vivir con otra "amiga". Esta al principio me cayó mal, aunque ahora sé que me equivoqué. Hizo mejorar a mi padre. Dejó de gritarnos e insultarnos la mayoría del tiempo, y empezó a intentar hacer algo porque nos lo pasásemos bien, aunque equivocándose la mayoría de las veces.
Se volvió a mudar, esta vez a la ciudad de al lado de la mía, donde estuvo año y medio o así. Allí no lo pasé demasiado mal. Había veces en las que me sentía un poco atrapada, pero podía quedarme sola en mi habitación y quedar de vez en cuando con mis amigos. El tiempo allí pasó rápido.
Sin embargo, de pronto, se mudaron a un apartamento de una sola habitación, con un baño, en el centro de Madrid. Salón, cocina y habitación estaba todo junto, y no era muy grande que se diga. Como la mitad de mi salón en casa de mi madre. Allí me sentía atrapada, que no podía respirar. Los fines de semana que pasaba allí me ahogaba un poco más. No podía hacer nada en la casa, porque no había espacio, ni podía salir fuera porque me perdería. Tampoco podía ver a mis amigos.
Se mudaron de allí ayer, hoy mismo fueron a establecerse a Bilbao, muy lejos de Madrid, donde yo vivo, porque la novia de mi padre se ha quedado en paro y allí la casa les sale gratis. De ahora en adelante tendré que ir prácticamente cada puente, más tiempo en vacaciones y las vacaciones de primavera enteras.
El problema no es que quiera quedar con mis amigos, aunque también quiera. El problema es que cada minuto que paso allí, con él, me ahogo, me muero un poco más. Estoy agotada de sólo existir cuando se tenga tiempo para mí, y sólo para lo bueno. Que cuando me enfade se desentienda. Que actúe con los privilegios de alguien que está cuidando de mí cada día, como un padre debería. Ojalá para mí olvidarme de él cuando no está fuese tan fácil como para él olvidarme a mí. Pero no lo es. Porque no puedo evitar pensar "¿Cuántas semanas de mi vida me quedan hasta tener que volver a detenerla para torturarme un poco más allí? ¿Cuántos días tendré que pasar? ¿Cuántas horas? ¿Cuántos minutos?". La tarde del día antes a irme con él, empieza a faltarme el aire, a entrarme ganas de llorar. A tener miedo. Porque tengo miedo, muchísimo miedo, a mi padre. A la soledad. A que alguien ordene mi vida. A la oscuridad. Y todos esos miedos, y más, se juntan cuando estoy con él. Siempre estoy con miedo a decir algo, o a no decir nada, a que se enfade y me grite y me insulte. Y hable del poco caso que le hago, que paso mucho tiempo sola, que paso mucho tiempo en casa, que paso mucho tiempo en el ordenador. Porque no sabe nada de mí y se cree que lo sabe todo. Que se ha perdido muchas cosas, algunas porque eso es lo que tiene no vivir en la misma casa, pero otras porque él ha querido, o porque no ha querido esforzarse. La persona hacia la que siento lo más parecido al odio es a él. Odio su olor a tabaco, sus arrebatos de niño, su egoísmo, su egocentrismo, su mal humor. Odio que él sea mi padre, aunque eso de alguna forma haya construido una parte de mí. Cada día que acaba para mí es una cuenta atrás para volver a verle.
El domingo por la noche, cuando volví a casa, después de enterarme de lo poco que me contó mi padre llegué a casa, sin decir nada, pero con la esperanza de que mi madre cambiase algo de esas horribles vacaciones que me esperaban. Ella, mi padre y su novia se quedaron un largo rato hablando encerrados en la cocina. Cuando se fueron, cuando cenamos, mi madre empezó a hablar de qué haríamos con el intercambio de paquetes de ahora en adelante. Le pedí que no fueran las vacaciones enteras. Que aunque no fuese la mitad, que me dejase pasar un cuarto en casa. Pero no. Rompí a llorar, ya por tercera vez ese fin de semana, al ver que no iba a hacer nada. "Él lo ha decidido así." "¿No ves el esfuerzo que hago yo todos los días?" "Cuenta los días que pasas con él y los días que pasas conmigo." "Yo ya he planificado mis vacaciones." No entiende nada. Le expliqué que yo en casa de mi padre me moría. Que me moría un poco más cada día que pasaba con él. Pero ella se lo tomó como una rabieta adolescente. Le oí cómo le decía a mi hermano "Ella lo único que quiere es quedar con sus amigos, pero eso no se puede." Cuando vio que no paraba de llorar, lo mejor que se le ocurrió fue decir "Si no vas a cenar, vete a dormir." Porque ella no me va a ayudar. Porque no tiene ninguna intención de cambiar sus planes por mí, porque no cree lo que le digo, porque no me escucha ni me entiende lo más mínimo. Si ella no va a hacer nada, si mi padre no va a hacer nada, yo no puedo hacer nada. No está en mis manos. Sólo me queda aguantar y aguantar y aguantar como llevo haciendo desde los nueve años, aguantar los tres años y medio que me quedan. Esa misma noche, cuando mi madre se había ido a su habitación, yo fui al baño y estuve llorando, con música que ni escuchaba al volumen más alto posible que permitían los auriculares, llorando y mirándome al espejo, sin más. Puede parecer algo para torturarme a mí misma, para ayudarme a odiar y a lamentarme aún más. Pero no. Es que no podía hacer nada más, nada de lo que hiciera serviría para nada. Sólo podía llorar, llorar y mirar cómo lloraba para hacerme la idea de que, aunque las personas que se suponen que siempre estarán ahí con su amor incondicional, la familia, no fuese hacer nada por mí, yo sigo aquí, y estoy viva, y puedo ver, y puedo llorar, y puedo sufrir, y pensar en el futuro, y soñar, y trillones y trillones de cosas más.
Me aterra pensar en esos días en los que estaré atrapada. Recuerdo mis vacaciones, en las que no podía hacer nada, en las que no podía hablar con nadie salvo con aquellos con los que no tenía ningunas ganas de hablar. En los que buscaré miles de cosas que hacer que al final no querré hacer. En las que nadie entenderá del todo cómo me siento y me tachará de exagerada, como sé que piensan siempre cada vez que cuento un pequeño fragmento de lo que siento respecto a esto. Verdaderamente no sé del todo lo que voy a hacer para que se pasen algo más rápido, sólo sé que no debo de dejar de pensar en que esto pasará, que no será para siempre, y que pronto tendré mi vida y podré hacerle desaparecer de ella si quiero. Porque es lo que pienso. Que, si él desapareciese de pronto hoy mismo, todo me iría mucho mejor.
Este mes de marzo no le voy a ver, no voy a pasar un sólo día con él. Y eso es algo que me hace absolutamente feliz, pero es muy triste que sea por eso. Y lo sé. Escribo todo esto, con todo detalle, no porque quiera que nadie me compadezca, ni mucho menos. Estoy harta de eso. Pero es que necesitaba tener la seguridad de que alguien, al menos una persona, me escucharía, leería en este caso, que me podría desahogar. Me gustaría que alguien me comprendiese, y que esos días en los que me distrajese, se preocupase, me diese un abrazo extra, intentase salvarme. Que no niegue que me estoy ahogando, que haga algo por evitarlo. Que en vez de decirme "Estás bien" o "Todo irá bien", hiciese algo porque así fuera, o todo lo posible por lograr lo más parecido posible. Pero no lo he encontrado, y puede que nunca lo encuentre, aunque intento no pensar en eso. Así que por ahora estoy yo, delante del espejo, con los ojos encharcados y las mejillas surcadas por lagrimones que no dejan de bajar y bajar hasta mi barbilla para después caer al vacío. Aquella fue una de esas noches en las que me aterra el silencio y necesito poner música, bien alto, y concentrarme en la letra y la melodía de la canción en cuestión para no pensar.
Imagen extraída de http://bluesirens.tumblr.com/post/10638433190

martes, 21 de febrero de 2012

Ahora tengo que aprender a olvidarle

Me creía que sería un poco más fácil pasar página, pero no lo es. En realidad es sólo un paso adelante, un gran paso, estirando mucho las piernas, pero después de todo sólo un paso. Y es tan difícil porque no estoy del todo convencida de querer dar el paso. Siempre estoy pensando que, quizás mañana mismo, elegirá volver a verme de otra forma. Volver o empezar, eso aún no lo tengo claro y me parece que él tampoco.
Pero supongo que tengo que empezar a aprender a no echarle de menos, a no pensar en él, a no buscarle por los pasillos, entre los autobuses, a dejar de llamarte por tú y convertirte en simplemente él. Porque cada día que pasa demuestra que el mundo sigue girando y los días pasando, y que por mucho que te eche de menos y desee que las cosas cambien eso va a seguir así, y la vida es muy corta y no me puedo permitir perder tanto tiempo. Y eso lo sé. Pero cuesta tanto, tantísimo rendirse...
Porque rendirse significa resignarse a los recuerdos y a saber que no viviré ninguno parecido con él. Y eso duele, duele muchísimo, pero es necesario para dar el paso adelante, en la dirección exacta, en la correcta. Y ya han pasado dieciséis días, si mis cálculos rápidos no se equivocan -cosa que seguramente hagan-, y es hora de darlo.
No puedo evitar ser una enamorada del amor muy impaciente deseando encontrar a alguien de quien enamorarse y que se enamore de mí. Detesto esperar. Demasiada incertidumbre. Pero dicen que esperar es bueno, ¿no es cierto? Y no pienso esperar sin hacer nada. Seguiré esforzándome por avanzar en otro tipo de cosas, e intentaré no detenerme ni un momento. Lo intentaré, porque no puedo negar que habrá veces en las que me apetecerá dejar pasar el tiempo sin más. Y que me apetecerá mirar sus ojos como los he mirado siempre. Pero caminar hacia atrás es muy peligroso, sobre todo para torpes como yo. 
Por lo tanto... ahora mismo doy el paso. Hacia delante. Con la promesa de no volver atrás, sólo mirar cuando ya esté lejos.

viernes, 17 de febrero de 2012

¿Qué hacer?


¿Qué hacer cuando el habla, el amar y ser amados, el contar, el escuchar, el llorar y ser llorados, el reír y hacer reír, el abrazar y ser abrazados, el entender y ser entendidos, el mirar y ser mirados, el gritar, el romper y ser rotos, el huir y hacer huir, el arropar y ser arropados, el nombrar y ser nombrados, el sentir el suelo bajo los pies y el cielo sobre la cabeza, el atender y ser atendidos, el esperar y ser esperados, el buscar y ser buscados, el asustarse de la tormenta y asustar a la tormenta, el empaparnos por la lluvia, el escribir y ser escritos, el olvidar y ser olvidados, el oír y ser oídos, en sentir y ser sentidos, el hacernos oír e ignorar a quien también lo intenta, el pasar página y el ser pasados, el echar a volar y dejar volar, el dibujar y ser dibujados, el crear y ser creados, el reconfortar y ser reconfortados, el creer en alguien y creer en ti, el mirar al otro lado del espejo, el asustar y ser asustados, el soñar y ser soñados, el pensar y ser pensados, el morir, el darnos por muertos, el encontrar y ser encontrados, el suspirar y ser suspirados, el ignorar y ser ignorados, el salir corriendo, el disfrutar y el ser disfrutados, el odiar y ser odiados, el burlar a la Muerte y el ser burlados por ella, el admirar y ser admirados, el brillar y ser iluminados, el pelear y que peleen por ti, el idolatrar y ser idolatrados, el sufrir y hacer sufrir, el sumergirnos, el ascender y ser ascendidos, el que nos llamen la atención y el llamarla nosotros, el amenazar y ser amenazados, el dormir y ser dormidos, el cantar y el ser cantados, el llamar y ser llamados, el clasificar, el vengar y ser vengados, el explotar y ser explotados, el poseer y ser poseídos, el enjaular y ser enjaulados, el recordar y ser recordados, el acercarnos, el alejarnos, el criticar y ser criticados, el resistir y ser resistidos, el sancionar y ser sancionados, el esquematizar y ser esquematizados, el durar, el excluir y ser excluidos, el probar y ser probados, la prometida eternidad, el esconder y ser escondidos, el prometer y ser prometidos, el aceptar y ser aceptados, el fingir, el lamentar y ser lamentados, el plasmar y ser plasmados, el anhelar y ser anhelados, el añorar y ser añorados, el corregir y ser corregidos, el borrar y ser borrados, el arrinconar y ser arrinconados, el calcular y ser calculados, el sorprender y ser sorprendidos, el aterrar y ser aterrados, el engañar y ser engañados, el sonreír y ser sonreídos, el desconcertar y ser desconcertados, el volver, el despedir y ser despedidos, el apalear y ser apaleados, el cambiar y ser cambiados, el decidir, el defender y ser defendidos, el perdernos y ser perdidos, dejan de ser dones para convertirse en necesidades?
El resultado es nuestro mundo, tan diverso, tan caótico, tan apabullante, pero al mismo tiempo tan maravilloso, y siete millones de humanos perseguidas por sus aún más numerosos fantasmas.
Imagen extraída de http://viviteston.tumblr.com/post/17768857128

domingo, 29 de enero de 2012

Jaulas salidas de la histórica jaula de Marilyn Monroe

El viernes, que fue uno de esos días en los que se necesita un abrazo, como la clase de inglés se me estaba haciendo una verdadera masacre a mi tiempo, decidí distraerme dibujando un poco. Cogí el penúltimo folio de mi abarrotada carpeta roja, lo doble por la mitad y a su vez esa mitad en dos. Empecé a garabatear un verso de "Motorway", de Anni B Sweet y dibujé un soldadito lo más simple que pude. Pero los dibujos simples no son lo mío, así que lo dejé a medias y pasé a otra cara, donde empecé a dibujar una jaula de barrotes finos, elaborados, bonitos. Imaginé que estaba hecha de un metal verdoso, oxidado, el típico usado para las alcantarillas; no podía hacerlo con un simple boli bic negro que suelta la tinta a borbotones. Finalmente recordé una frase que recorté de una revista y colgué en la pared de mi habitación, referente a Marilyn Monroe: 
"Quería ser tomada en serio, pero nunca pudo romper los barrotes de la jaula de oro que se había construido."
La escribí a la derecha de la jaula y añadí en el fondo un cielo calmo de verano. Aquella jaula estaba vacía, porque no me decidía por cómo dibujar a la persona de dentro; ¿pequeñita, en medio de la pequeña inmensidad de su cárcel? ¿O encogida, sin caber del todo? No me decidía y tampoco estaba de humor para pensar demasiado.
El dibujo lo guardé en uno de los bolsillos de mi enorme rebeca de imitación de lana, pero más fácil de lavar, nada más terminar la clase. Estuvo allí hasta el principio del ensayo de por la tarde, donde no sé dónde ni cómo desapareció. No volveré a encontrar el dibujo, tampoco me importa demasiado. Lo que sí se quedó fue un pensamiento; ¿de cuántas formas diferentes puede contenerte una jaula? ¿Cómo puede ser la jaula?
Pensé en jaulas de oro, como las de Marilyn. Todos piensas que allí vives bien, que no te falta de nada. Aquel que te puso la jaula te quiere, te adora; ¡es dorada! ¡De oro! Todos olvidan que es una jaula. La ven más como un paraíso, te envidian. Solo tú ves la jaula tal y como es. Una jaula. Y sueñas con que alguien la vea también y te venga a rescatar... pero al mismo tiempo, no quieres parecer desagradecida. Y finges que eres feliz.
Luego, pensé en mi yo pasado, el que vivía en una jaula de cristales tintados. No ves la jaula, pero tampoco tú su exterior con claridad. Nadie te ve dentro, sólo intuye que estás ahí. Tú no existes del todo para nadie, pero nadie existe tampoco del todo para tí. Pero un día te darás cuenta de que ahí hay una puerta. Y tendrás que decidir si sólo entreabrirla y volver a cerrarla, y permanecer en ese universo tan seguro como pequeño y uniforme, o abrirla de par en par, mirar al mundo a la cara y empezar a pisar el suelo para conseguir alcanzar el cielo.
Hay muchas formas más de jaulas de cristal. Y de jaulas, simplemente jaulas. Sólo cierra los ojos y mira a tu alrededor. ¿Cuál es la tuya? Si no hay ninguna, una de dos, o estás ciego o ya la derrumbaste. Y si resulta ser la segunda opción, siéntete orgulloso, porque es uno de los mayores retos para toda persona. Superar sus miedos, sus recuerdos, abrir el mundo ante sí.
Imagen de http://minjawonderland.tumblr.com/
Cita extraída de la revista "OnMadrid", del periódico español "El País".  

lunes, 16 de enero de 2012

Debate interior en la historia de todo héroe, sin héroe.

Y si pudiéramos ser algo más
que polvo y energía;
la luz de dos estrellas extinguidas.
- "Hoy es el principio del final", Amaral.
Últimamente me pregunto dónde empieza exactamente la línea entre el bien y mal. Y esto suena mucho al típico debate interior que tiene todo héroe en cierto momento de la película o el libro, y seguramente no muy serio, pero... verdaderamente es una duda que tengo.
Mis amigos y conocidos me ven como "el corderito que camina al lado de Dios", buenecita, nunca haciendo grandes bromas... pero a veces creo que verdaderamente es porque ellos tienen colocada la línea en otro lugar, mucho después que yo. Eso me hace pasar malos ratos. Lo que para ellos es simplemente una broma, un comentario burlón, me puede llegar a hacer mucho, mucho daño. Si me enfado, aunque sea sólo un poco, consideran que me quejo demasiado. Si no me enfado y me lo guardo para mí a las seis bromas habré hecho una bola peor que la de las luces del árbol de Navidad en diciembre.
A raíz de esto, he empezado a dejar pasar bromas, tonterías que verdaderamente me molestaban que han empezado a no hacerlo tanto. Pero también he empezado a hacer comentarios de los que al momento me arrepiento, bromas y burlados a los que luego compadezco. Me río de la forma de hablar de aquella chica, de la desgracia de aquel, "oh, mira, ése lleva un abrigo de chica" y comentarios que yo he sufrido, que río o incluso digo. Y me odio. A veces tan sólo por un instante, otras veces cinco minutos después. Un par de horas, la espera al autobús. Un día entero. Una noche de insomnio.
Sé cuánto duelen, sé que una vez escuchados una vez no dejas de mirar atrás, intentar escuchar los cuchicheos a tu alrededor y entenderlos como críticas aunque hablen sobre lo sucio que está el cristal. No atreverte ni a caminar, por miedo a que alguien le divierta tu forma de caminar; piernas demasiado largas o demasiado cortas, pelo muy lacio o muy rizado, ojos azules pero tan azules que asustan. Me criticarán, me gastarán bromas pesadas, comentarán cosas que hago que a mí o me den igual o hasta me gusten. No sé cómo evitar esos comentarios que ni si quiera llego a pensar, pero yo no quiero hacerle eso a nadie. Nadie lo merece, es como si cerrasen un puño alrededor de tu cuello, que resulta no ser tu cuello, sino tu vida, que cae en un agujero del que es muy, muy difícil salir.

sábado, 31 de diciembre de 2011

A punto de acabar la cuenta atrás.

Hoy es el día número trescientos sesenta y cinco del año número dos mil once. Resumiendo: el último día de este año. Terminamos en sábado. Es un buen día para terminar. Lo malo es que empezamos el 2012 en domingo y los domingos son los días del tiempo que corre, las tardes de estrés y luego la gran decepción. Pero vamos a ver. No sé vosotros, pero yo el lunes no tengo clase. Ni el martes ni el miércoles ni el jueves ni el viernes ni el sábado ni el domingo siguiente, obviamente. Así que da igual si es domingo o miércoles o lunesviernes. El caso es que llegó la hora de decir adiós al 2011.
Para algunos, puede haber sido un año horrible, que queráis dejar atrás y con suerte olvidar. Para otros, un año genial, que desearían que nunca hubiese acabado. O puede que simplemente haya sido un año más, sin mucho en especial; ni fú ni fá.
Yo, por mi parte, pertenezco al segundo grupo, el grupo feliz y orgulloso de este 2011. Este año me enamoré, dos veces, una con desilusión sin llegar a empezar, otra vez en la que aún sigo feliz y que espero que dure mucho tiempo. Conocí verdaderamente a amigos de los que tenía mucho por saber, y también conocí, aunque no a fondo, a gente que vale la pena. He empezado por fin a expresar lo que siento, aunque no del todo y no siempre, por lo que se queda de propósito para este año que viene. He recopilado un montón de recuerdos maravillosos, de todo tipo. He viajado a París con mi familia y a Lyon con algunos de mis mejores amigos. He suspendido Sociales y he aprobado Deporte. He sacado un ocho en Plástica y un nueve en Biología. He mejorado mi canto. He comprendido un poco más a mi padre. He fijado mis principios. He llorado, he reído o simplemente me he quedado mirando al vacío, en mi propio mundo. Es imposible expresar todo lo que he sentido este 2012 en tan sólo una entrada no demasiado larga para que alguien me lea y todo. Pero bueno. Se acabó.
Ahora dejaremos de escribir al final de las fechas un 11, o un 2011 para pesados como yo, algunos antes que otros porque ya sabemos lo difícil que es cambiar esta costumbre. Lo cambiaremos por un 12, o un 2012 los pesados como yo. Nos burlaremos más que nunca de la profecía del fin del mundo. Los más ñoños pediremos un deseo con la última uva, que nos meteremos directamente en la boca como las once restantes, sin miedo a ahogarnos. Y... ¡puf! Un pestañeo, y... ¡adiós al 2011!
2011
2012

domingo, 25 de diciembre de 2011

Odio o indiferencia, ésa es la navideña cuestión

De pequeña ni si quiera me planteaba si me gustaba la Navidad o no. ¿Por qué no me iba a gustar? Regalos, árboles navideños, luces navideñas, ver a mis abuelos, belenes navideños, cosas navideñas en general. Me encantaba la idea de que hubiese alguien tan bueno como para consagrar su vida a hacer regalos y repartirlos, todo esto ayudados por la magia. Aunque nunca creí en el niño Jesús ni el significado religioso de la Navidad, me encantaba el concepto mágico de la Navidad.
Ahora, como todo, esto también ha cambiado. Y realmente no le tengo mucho aprecio ya. ¿Y por qué no? Pues nada, últimamente me ha dado por las listas y hoy voy a hacer otra:
  1. Tener que ir a Badajoz, donde viven mis abuelos, lejos de la mayoría de las cosas que me importan.
  2. Aguantar a mi padre, con las burradas que dice.
  3. Cenas familiares.
  4. La equivocada idea de que hay que ser buenos en Navidad, ir a visitar a tu familia en Navidad, hacer regalos en Navidad. Si realmente les aprecias, lo harás durante todo el año.
  5. Los atascos, el frenesí de la gente.
  6. Las ganas no ya de irse de fiesta, sino de emborracharse.
  7. Al saber ya que ni los Reyes Magos ni Papá Noel me visitan estas noches, me da reparo pedir regalos.
  8. Villancicos a todo volumen en las calles.
  9. Esos horrendos Papá Noeles que la gente cuelga de sus ventanas.
  10. El discurso del Rey.
  11. Los conciertos navideños en canales como Telecirco, con gente como mi querido David Bisbal.
  12. Los crismas que envía la gente, todos iguales, sin ningún esfuerzo en ser originales.
  13. Que de repente suba el precio de las cosas siendo exactamente lo mismo.
  14. Que de pronto mi familia de señales de vida, como sólo hace también en mi cumpleaños.
  15. Las películas navideñas.
  16. Todos los rollos católicos que sueltan sin esperar opiniones de nadie ni aceptarlas.
  17. El agradecer por cosas que has logrado con tu esfuerzo al niño Jesús, Dios y variantes.
Pero bueno... también hay cosas que me gustan:
  1. La iluminación navideña (si está bien hecha. Si no crucifico de todas las formas posibles a los creadores).
  2. Los fuegos artificiales.
  3. Decorar el árbol.
  4. "A Christmas Carol", el único libro, también película, navideño que me gusta. Pero sólo la versión de los teleñecos.
  5. Los regalos hechos de verdad, porque alguien ha querido regalarte algo.
  6. Las vacaciones.
  7. Ver en modo navideño a mis personajes ficticios favoritos.
  8. Contar los horrendos Papá Noeles que la gente cuelga de sus ventanas.
Está claro que no me encanta la Navidad, ¿eh? Pero eso no incluye el Año Nuevo. Me encanta el Año Nuevo, que conste. Es... bueno, ya haré sangrar vuestros ojos en otra entrada hablando del tema, ¿no os parece?
Eso sí, felicito la Navidad igualmente, no voy a ser una Scrooge (eso no lo decía en mi entrada anterior, ¿verdad? Pero todo eso ya está arreglado). Así que...
¡Feliz Navidad!

martes, 20 de diciembre de 2011

Saludad a la nueva Scrooge

No me lo esperaba. No sé qué dirección tomar ahora, qué hacer, en qué pensar. Hoy, cuando me desperté, pensé en él, como siempre. Me quedé un rato bajo el edredón, con la luz ya encendida, remoloneando. Subí a la ruta, un poco justa, como siempre. Pasaron las primeras horas, ultimé el trabajo de música y deseé que apareciese por allí en el recreo. El resto de clases se hicieron eternas, lo único que quería era salir ya, de una vez, verle, abrazarle y besarle.
Poco antes, promesa de pregunta fatal, sobre todo porque venía acompañado de un "no es bueno". Al rato ya estábamos, yo con un manojo de teorías a cada cuál peor, gracias a mi cruel imaginación, que no resultó ser tan cruel. En un banco, oyendo pasar los aviones, se terminó. Yo simplemente me hice pequeñita, un suspiro tan solo, en un cuerpo inútil, demasiado grande.
No quiero que nadie venga y me diga que es un idiota, que no me merece y todas esas cosas que se suelen decir en estos casos, porque no lo es, ni mucho menos, y no saben nada ni quiero que lo sepan. Porque yo no le quería, le quiero. Y me temo que le querré durante mucho tiempo.
Sin embargo, soy una idiota, y no distingo entre lo que son falsas esperanzas y lo que son esperanzas con cimientos, con fundamento. No puedo evitar aferrarme a su tampoco lo tengo claro, a que hace tan poco él me quería como yo a él, a que sigo aquí como alguien especial para él, a sus ojos mirándome.
Pero obviamente sé que sus ojos mirándome bien podrían ser de lástima, que podría ser alguien especial como amiga para siempre, que su tampoco lo tengo claro ya no lo sea. Ser la amiga hipergenial para siempre. En un segundo plano.
Es la primera persona con la que verdaderamente he podido decir exactamente lo que pensaba, lo que sentía, que me entendía. Tan parecido a mí que a veces no me lo creía. No hay personas repes en el mundo, no hay nadie como él. Quizás parecido. Quizás también tenga lo que yo quiera, lo que necesite. Pero no será él.
Si me rindo ahora, llegará un momento en el que que no sea él ya no me importe. Que me enamore de otra persona. Pero... sé que una parte de mí estará siempre esperando por él, en mi subconsciente. Porque él ha sido el primero de verdad, y también el más especial.
Supongo que escribo esto deseando que él lo lea, como leyó otras entradas cuando le pasé el link a este blog, este pequeño rincón de mi mente. Supongo que guardo la esperanza de que en el fondo me quiera aún, que no se haya ido del todo este sentimiento. Que encuentre dónde está la línea y yo esté en el lado del amor. También me preocupa que la lea, que le duela aún más, pero que lo que yo deseo no aparezca.
Antes detestaba los miércoles, con un horario demasiado apretado y nunca quería que llegasen. Ahora tengo aún menos ganas. Antes detestaba la Navidad, no me gustaba. Ahora la odio porque todas las falsas esperanzas florecen o se rompen en Navidad, mis sueños siempre se hacen añicos bajo la iluminación navideña.
Tengo por ley que los deseos que pida puedan ser cumplidos, que sean alcanzables aunque no estén del todo en mi mano. Esta vez estaba dudando entre dos deseos de Año Nuevo, que mi amiga se quedase aquí, que no se mudase, o que lo mío con él durase todo lo posible. Pero mi deseo será aún más egoísta. Desearía que no se enamorase de ninguna otra si hay posibilidades de que me quiera.

martes, 13 de diciembre de 2011

De sueños, metas y mesas.

Aquí estoy otra vez, pero creo que por fin con una entrada (casi) en condiciones. Vale, quizás hayáis leído el título y lo único que habréis pensado será un "guatafác" españolizado o "wft", si pasáis demasiado tiempo en internet. Pues aunque parezca extraño, todo tiene una relación. Sí, también las mesas.
Ya expliqué hace tiempo mi teoría de las personas, que somos como mesas, en una entrada del nueve de septiembre, "¿Y se comieron las perdices?". Por si no tenéis tiempo para leer esto, o simplemente no os apetece, lo que yo pienso en esto: las personas en sí somos como el tablero de una mesa. Allí está la base, como somos nosotros en la base. Pero claro, las mesas tienen patas, ¿no es cierto? Pues las patas son nuestros puntos de apoyo, bien amigos, bien familia, bien estudios, bien tus sueños, bien las fresas o lo que sea.
Con esta teoría, he estado pensando en cuando pierdes una, o se daña, o se rompe, o se pierde un pedazo. Entonces, te falta algo y tienes que recolocar todas las patas. Hay algunas que, aunque se pierdan y con ellas parte de tu equilibrio, no son las más importantes y aun sin ellas te puedes seguir manteniendo sin esfuerzo. Pero entonces resulta que también pierdes aquella que representa tu familia, porque dejas de hablar con ellos, porque te empiezas a llevar mal con ellos o quién sabe qué. Pierdes entonces también la de tus amigos, falta de confianza, peleas, diferencias... y así, una a una, hasta que sólo quedas tú, la tabla, y las ganas de que todo acabe, que todo pase y vaya bien de una vez. Pero claro. Es difícil que una pata sostenga todo el tablero, aun siendo el centro. Y entonces la mesa cae, sin llegar a romperse, pero no muy lejos de su destrucción. Al borde del abismo, por así decirlo. Y necesita nuevas patas, o arreglar las perdidas, para que la persona/tablero pueda recuperarse y seguir viviendo y con vivir me refiero a algo más que respirar. A tener metas, deseos, sueños y curiosidad por el mundo.
Lo que me preocupa es... ¿se pueden recuperar las patas perdidas una vez agotada la persona por el cansancio y la desesperanza, sin ganas ni mucho esfuerzo?
También estuve pensando en como uno de los puntos de apoyo, de las patas, de los centros de existencia, se puede mover, hasta ocupar cada vez una posición más y más importante, a sujetar cada vez más. A mí me asusta como una de las "patas" lo está haciendo, muy rápido. Al mismo tiempo me emociona, intriga y alegra, pero... tengo miedo. ¿Y si cayese? Sé lo fácil que es romperme y lo que me cuesta recomponerme.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Perfecto

Tengo mucho, muchísimo que contar, pero no sé cómo contarlo. Pero después de años aguantando mis enamoramientos, mis dramas, mis locuras, mis excusas sobre por qué no escribo, mis tonterías y mis etcéteras varios, toca que os lo cuente, al menos un poquito. Ahora mismo, estoy absolutamente feliz. Aunque sigue la tristeza de saber que esa amiga, tan importante para mí, se irá a fin de curso, y puede que otra qué sé yo, el curso que viene, y las típicas preocupaciones de siempre; familia, exámenes. Pero... no sé. Lo siento de otra forma gracias a una persona, por muy cursi que suene esto.
Por una vez, no tuve la necesidad de contar cada detalle aquí, de saturaros con mis sentimientos de montaña rusa y mis dudas demasiado indecisas. Sí, lo admito. Desde julio tengo un diario, lo que ayuda bastante a poner mis pensamientos en orden y saber qué hacer en cada momento. Si no, supongo que aquí seguiría, super emocionada contándoos cada detalle de mi vida. Llegará un día en el que alguien se forre con esto. Lo digo en serio.
Después de ilusiones y desilusiones, conversaciones larguísimas que parecían durar cinco minutos, días en los que pensé en rendirme, saludos, tardes demasiado cortas, muchas sonrisas tontas y en medio de todo esto, sus ojos siempre mirándome, sonriéndome y animándome, de una forma u otra que, aunque al principio no era la que yo quería, cambió. Y ahora... ahora. Sinceramente, no sé cómo explicarlo sin ser demasiado pastelosa. De verdad que siento esta entrada edulcorada.
Por una vez en la vida, encontré a alguien incluso demasiado parecido a mí, que sentía y vivía las cosas como yo, un poco bastante en las nubes, un tanto perdido, con esa pequeña gran duda de cómo se da un abrazo. Pasé un mes y medio, quizás más, quizás menos, sin ser correspondida. Pero al final el esfuerzo dio sus frutos, y pasé de ser "esa buena amiga" a ser la persona de la que estaba enamorado. Después de una tarde que se me hizo demasiado corta, de excusas tontas para cogernos de las manos y abrazarnos, y un día siguiente un enjambre enorme de confusión y sonrisas tontas, el viernes pasado por fin pude aclararme. Y declararme, aunque nunca me ha gustado esa palabra. Suena demasiado judicial.
Aunque bueno. No fue una "declaración" convencional. Fue algo extraño; no, distinto. La tarde anterior él me preguntó por mis sentimientos hacia él, yo le respondí (después de mucho tantear) que prefería decírselo en persona. Al día siguiente, veinticinco de noviembre, conseguí quedar con él, tan sólo una horita, cosas que pasan cuando no se puede volver a quedar en dos semanas. Después de un buen rato de rebaños enteros de buenos, pueses y esos por mi parte, y sus ánimos y sus palabras por otro lado, conseguí decirle un te quiero. El primer te quiero que he dado nunca sintiéndolo de esa forma. Él no tuvo que decirlo, ya me lo había dicho momentos antes con un Si esto te da confianza, creo que sentimos lo mismo. Simplemente sonrió y me abrazó. Y después nos quedamos mirando al cielo, comentando lo tontos y desastres que éramos. Y muchas más cosas, que se quedarán entre nosotros, espero que para siempre.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Sueños que se sueñan hasta hacerse realidad

¡Buen sábado! ¿Qué tal temprano por la mañana? Está un poco nublado, al menos por aquí, pero ya veis como luego se despeja.
Vale... sí, esta forma de empezar una entrada es un "poquillo" extraña. Pero es que... ¡aún no he desayunado! Y qué leches, mis tripas tienen complejo de león. Así que ahora desayunaré, y luego volveré corriendo corriendo, antes de que me manden a estudiar, a hacer la entrada. ¿Estáis de acuerdo? Boeh, lo estéis o no, voy a desayunar. Y ya he vuelto, con sólo un espacio entre desayuno y llenidad barriguil. Mentira, en realidad he tardado media hora. Y pensar que los días de diario en cinco minutos ya he engullido dos vasos de cereales... sí, cereales. Esos cosos que dicen ser de trigo, pero que no se sabe muy bien de qué son. Pero sinceramente, no me apetece nada demasiado sofisticado por la mañana. Sólo algo que me llene hasta la hora de comer porque, cuando me levanto, me sabe la boca a polvo y a almohada babeada. Y es que claro, de tanto babear mi almohada se me queda la boca seca.
Después de esta interesante parrafada sobre desayunos y formas de escribir bizarres, os advierto, mortales, que esta entrada va a ser aún más random que el resto.
Estaba buscando una imagen inspiradora, así, como para abrir el principio de la verdadera entrada. Pero claro, no la encuentro, y claro, no tengo inspiración. Si esto fuese un video blog, me pondría a, qué se yo, dar vueltas en la silla rotatoria, que giiiiira y giiiiiiira pero nunca toria. Pero no lo es. Así que, más o menos, os lo imagináis.
Cada vez pienso más en mi sueño de ser cantante. Siempre, cada día, cada hora, cada minuto, está ahí presente. Pero ahora aún más. 
Cuando ensayo en el taller de musicales, me planto frente al micrófono y la música empieza a sonar. Y antes de cantar, miro a través del micrófono y veo mi público, cuatro chicas de mi edad y mi profesora, en una sala con unos cuantos pupitres y una pizarra blanca al fondo. Entonces, pestañeo durante un instante, dejo que la música recorra mi cuerpo y empiezo a cantar. Me muevo por el escenario, como de si un estadio se tratara. Cuando canto, veo el mundo de una forma distinta; mi corazón late de forma distinta.
A veces, recuerdo un día, una clase de música del colegio, en la que nos propusieron hacer un karaoke de una canción de Amaral, "Toda la noche en la calle". Aún no era de lo mejor cantando, estaba aprendiendo por fin. Y tampoco tenía muy buena autoestima. Sabía que no me iban a recibir bien. Que hiciese lo que hiciese, se reirían de mí. Pero guardaba la esperanza de sorprenderles, de dejarles con la boca abierta. Lo que yo no sabía, o no quería saber, es que en ese entonces era imposible. Mi voz era bonita, pero no estaba entrenada. No sabía qué se debía hacer en un escenario, cómo moverme. No tenía la autoestima, la seguridad, para presentarme ante esos niños que tanto me habían hecho sufrir.
Aun ahora, tres años después, sigo queriendo que me vean en un escenario, en lo alto, con mi música, mi voz, mis logros, los focos. Que se den cuenta de que se equivocaron. Y que, si tienen el morro de decir "Yo iba con ella al colegio", yo declare, bien claro, un: "Y ójala nunca hubieses estado ahí."
Me gusta también guardar momentos, cuando en coro mi voz inunda la voz de los contraltos, mantiene al resto del coro al ritmo, cuando cantamos unos pocos alrededor de un piano de cola, los conciertos imaginarios en mi habitación, los repasos mentales andando hacia la escuela de música, cuando consigo llegar a una nota más aguda que ayer, cuando siento que mi voz inunda los pasillos de la escuela aun estando aisladas las clases.
El otro día, viendo las noticias con mi padre, salió al tema un chaval que sin ser mayor de edad ya había desarrollado un programa (no me acuerdo exactamente de qué iba) que ayudaría a los ordenadores internacionalmente. Y salta él: "Pronto Violeta descubrirá algo y la veremos en las noticias."Algo que enorgullecería a cualquier hija, ¿no? Pues no. Frialdad inmediata y un "No voy a descubrir cosas. No voy a estudiar ciencias." Él es músico, cantante y guitarrista, y no quiere que yo me dedique a la música. Y mi madre no quiere que sea cantante, quiere que estudie algo o haga algo que no sea la música. No me toman en serio, no creen que vaya a ser cantante. Me ven como científica. ¡Ja! A mí las ciencias me interesan. Pero para dedicarme a algo el resto de mi vida, me tiene que apasionar. Y eso es algo que sólo consigue el canto. Si me quedara muda... me gustaría ser escritora, o dibujante/pintora/comoseaquesellameahora. Igualmente, no pienso morirme sin ver un libro mío publicado. Con mis dibujos soy feliz simplemente con que me llamen si hay que dibujar algo o regalárselos a la gente que quiero. Pero claro. Tendré que estudiar algo además de cantar, aunque no sé el qué. Quizás me vuelva como mi profesor de lengua, que me temo que lo suyo es escribir.
Aunque cueste, aunque me quede sin voz, aunque tenga que aguantar las típicas burlas de la gente que no tiene ni derecho a enterarse de mi sueño, aunque haya pocas (o sólo una persona) que al confiárselo me diga simplemente: "hazlo", algún día veré, a través del micrófono, gente voceando mi nombre, coreando mis canciones, el fin del escenario y la luz de los focos abrasándome.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Tan cerca y sin poderte tocar

Ayer fue once del once del once. O 11.11.11, que queda como más impactante y no tan tan redundante. Había tres alternativas: pensar que a las 11:11:11 se acababa el mundo, que tenías que pedir un deseo o simplemente pasar de todo esto. ¿Que qué hice yo? Yo soy positiva y pedí el deseo, aunque no se cumpla, aunque sepa perfectamente que todo, o casi todo, se consigue por esfuerzo. Estoy sonando deprimente, qué horror. Golpe de remo para mí.
Bueno, yo pensaba que pediría un deseo, así, para mí solita una vez llegada la hora. Pero nada, el pavo puede llegar a ser algo bueno y tuvimos hasta cuartos y campanadas de verdad. Uvas no, pero bueno, había bocadillos, algo es algo. Imaginaos un corrillo de adolescentes perturbados gritando: "ding dong ding doooong" "¡Que queda un minuto!" "¡Los cuartos! Dongdongdongdong" "¡CERO! ¡Cero! CERO. Ceeeeeero. ¡Ceeeeeeeeeeeeeeeero!". Fue tipo año nuevo, abrazándonos, felicitándonos el once del once del once a las once y once y once, y obviamente el deseo.
También fue un día especial gracias a Frígida. ¿Quién es Frígida, diréis? ¿Quién tiene ese nombre tan...? ¿Tan? Pues una codorniz, señores. Sí, una codorniz. Una codorniz que una amiga mía recogió de la carretera (porque claro, las codornices no pueden volar... NOOOOO) tempranito, se metió en el bolsillo y trajo al instituto desde su parada. ¿Y qué hizo después? Meterla en la taquilla de David Potaje. Vale, esto suena a maltrato animal, pero la otra opción era soltarla a merced de todos los adolescentes trastornados que hay en mi instituto. Y mejor que no, en serio. Si ya hicieron salir corriendo, aterrorizado, a un perrito, imaginaos una codorniz.
Estuvimos temiendo por su vida, sus pulmones y la cagadita que le dejaría a Potaje en la taquilla, hasta tercera hora, en la que consiguieron una caja y la dejaron en secretaría, donde al menos no se ahogaría.
Después de que Potaje le guardase la mitad de sus gusanitos del recreo, la amiga decidió dársela al de mantenimiento, que resultó tener un criadero de codornices. Yo sigo pensando que lo que hará será comérsela, o hacer que ponga huevos hasta que no pueda más y después comérsela. En resumen: acabará en algún estómago. Pero siempre te recordaremos, Frígida. A ti y al lago de pis que dejaste en la taquilla.
Últimamente, no sé si mi vida va... en realidad, no sé cómo va mi vida. Por extraño que suene.
Estoy "consiguiendo" muchos recuerdos preciosos, de película. Tengo amigos geniales, pero otros, a los que yo esperaba que fuesen amigos "para siempre", o amigos de verdad, me decepcionan. Y otros... otros se van. Se van a vivir a otro sitio, porque es una gran oportunidad, porque quieren cambiar, porque quieren empezar. Por ahora son dos. Puede que una no se vaya, puede que otra al final, en el último momento, no pueda. Pero si no es ahora, será después. En algún momento, se irán. Y entonces tendré que olvidarme de los planes que hice con ellos, seguiré en contacto, sí, pero cada uno tendrá que hacer su vida esté donde esté. Y tengo miedo. Tengo muchísimo miedo a que la amistad siempre se acaba, como dicen, que no exista una amistad para siempre, aun con esfuerzo. Tengo miedo a que nada dure para siempre, aunque cambie. Y me aterra pensar en que, en algún momento, se irán. Como si nunca hubiesen estado. Y que esa parte de mí, que iba con ellos, que daba vueltas a la ciudad, que charlaba, que reía con ellos, sea devorada por la soledad. Porque las partes de mí que se llevarán, sé que no van a volver. Habrá cosas parecidas, pero no mejores ni peores, porque no será lo mismo.
Y es que siempre, siempre, el tiempo se me escapa entre los dedos, las falsas esperanzas me rodean y me llevan hasta la más oscura oscuridad, y allí me dejan. Sola.

martes, 25 de octubre de 2011

Fuera de twitter, soy cursi de armario

¡Hola! ¿Qué quién soy? La parte oscura de Kinder, que es bastante más responsable que la parte... ¿luminosa? Dejémoslo aquí.
¿He tardado un poco bastante en postear, verdad? Veinticinco días. ¡Eso es muuucho tiempo! Estoy perdiendo facultades. Tenéis derecho a robarme las galletas de la cajita de comments.
Pero claro. Soy una mala blogger y una mala persona. Y os voy a meter publicidad, por ahí, por donde no os cabe. O quizás si os quepa... decididlo vosotros mismos. ¿Os gusta el rol, las criaturas mágicas, la fantasía en general, o simplemente queréis practicar vuestra escritura? ¡Pues no busquéis más! Porque en este mini anuncio de teletienda os dejo el link al foro de una amiga mía, @NikkiShouta, que ha abierto este foro, "Magia Tras los Muros" donde, aunque aún sólo se pueden poner los expedientes, va a ser genial, sobre todo si se registra muuucha gente. Así que ya sabéis. A-PUN-TA-OS.

Advierto desde ya: esta entrada va a ser desesperadamente larga. Reservaos el derecho a leerla si padecéis alguna enfermedad cardíaca, o estáis embarazadas. ¡Toda precaución es poca!
Pues vamos por partes, supongo. Esta última semana estuvo mi francesa en casa, terminando así el intercambio a Lyon. Yo fui en marzo, y ellos han venido en octubre... una diferencia de seis meses y también de personas. Yo fui a casa de una frances, pero vino otra porque la primera cambiaba del "collége" al "lycée". He visto pocas cosas tan estresantes como acoger a alguien a quien no conoces de nada. Y aunque le conozcas. No puedes dejar de pensar que si se aburrirá, si se sentirá incómoda, si necesitará algo... y al mismo tiempo no se te borran de la cabeza las ganas de yo que sé, coger el ordenador, irte a tu habitación y no hacer nada en especial, incluso de no sé, hacer los deberes. Sí, por muy increíble que suene, tienes ganas de hacer los deberes, volver a tu aburrida rutina. Pero nada. Ahí estás tú, con una francesa que por muy simpática que sea te acaba sacando de quicio, sin saber si eres tú de la que dependen o la dependiente.
He dormido fatal esta semana, y eso que llegaba a casa molida y me pasaba el día con un sueño terrible. Pero nada: dormía mis ocho horitas como si fuesen tres. Está claro que estaba estresada.
No ha estado mal. Una vez cogías un poco de confianza, hasta te lo pasabas bien. Lo malo es que se hacía un poco pesado... y yo con la mía no tenía nada en común. Es de estas personas que no tienen ninguna aspiración, nada que les guste verdaderamente, que se dejan llevar.Aunque muy amable, eso sí.
Y ahora que se han ido... ¡ahora que se han ido por fin he recuperado mi vida!
Y bueno, ¡os pongo al día! ¿Recordáis mis altas expectativas en cuanto a octubre y el otoño? Pues no me equivoqué, hey. No fue tan tan maravilloso como me lo imaginé, pero pasó rozándolas. Tardó en hacer frío pero bueno, ¡ya lo hace! Lo malo es que también hace viento... sí, lo admito. El viento y yo no nos llevamos demasiado bien. ¡Pero no es culpa mía! Es que intenta romper la relación entre mi flequillo y yo... (?)
Y veamos. Mis expectativas no dependían sólo del otoño. Para hacerme feliz hace falta poco, pero para ilusionarme más que un cambio de estación -aunque tenga que ver con decir adiós a ese horno trimestral que es el verano. Los que me leáis por twitter, ya sabréis de que va. ¡SÍ! Ooootra vez. Enamorada. ¿Yuhu irónico, yuhu feliz o no yuhu? Pues nada, ni yuhu ni nada. No voy a contar toda la historia, hay demasiadas cosas que no podría contar y otras que no sabría cómo. Así que lo siento. Os voy a dejar a medias... pero de buen rollito, ¿eh?
Quería escribir moooontones de cosas más. También montones de disculpas. Pero lo mejor será no sobrecargaros, y además... ¡no me acuerdo de lo que quería decir! Prometo escribir más a menudo de ahora en adelante. ¡Prometido de verdad!

domingo, 25 de septiembre de 2011

"LET'S FALL IN LOVE."


But that's why birds do it,
Bees do it,
Even educated fleas do it.
Lets do it, let's fall in love.

¿Qué tal todo? Mi última entrada fue hace ocho días, pero me siento como si la hubiese escrito ayer, y al mismo tiempo hace mucho, mucho tiempo. Una de esas entradas absolutamente indiferentes, que tengo muchas ganas de escribir pero que se evaporan. Absolutamente indiferentes al mundo. No sé qué me pasa últimamente a la hora de escribir, que no lo consigo. Me cuesta explicarlo todo. Porque, realmente, hay montooones de cosas que me encantaría contar. La mitad no puedo contarlas. Un cuarto no se entienden si no se vive. La décima parte, me he vuelto reservada también por aquí y no la cuento. Y la quinta pierde la gracia sin todo lo demás. ¿¿¿PERO QUÉ HAGO CON MI BLOG??? Con lo que me encanta escribir. Y de dejarlo, nada. Que os veo a todos como muy alejados de blogger y tengo miedo de volver un día y que resulte que os habéis ido definitivamente. Se siente, me tendréis que aguantar por aquí. Pero de buen rollo y a lo Strawerry Fields. [PREGUNTA DEL SIGLO: ¿Cómo se está a lo Strawerry Fields? En fin, la estoy escuchando, me envuelve y me derrite el corazón, y de paso el cerebro. Y me ha salido del alma, que es lo único que no se me ha derretido.]
Bueno. Veamos. Realmente no es la mitad entera. Pero una cosa llega a otra y, veamos. A lo internet. Puedes empezar viendo un vídeo de Blondie y acabar viendo a pandas mirando amenazadoramente un iPad. Pero para llegar a la última has necesitado la primera, sin ella nunca habrías llegado a los pandas hostigando iPads. ¿No es verdad? Pues ya está.
Lo que os puedo decir es que este verano, sobre todo a finales, he desarrollado un desprecio especial hacia una persona llamada Verde (lo siento, árboles del mundo... lo hicimos al azar.), mis amigas están deslumbradas por esto de salir en grupos grandes, hay mucho culebrón y mucha pillada, y muchas miradas de odio sin disimular. Y una mezcla entre pena y felicidad egoísta. ¿Sabéis esas veces que una amiga se echa novio y ya es como si estuviesen pegados por los hombros? Mi caso es triple.
El jueves (¡SÍ! Tercer día de clase, y no sólo este, también otro más de enfermedades ayuverdiques) nos mandaron un trabajo, con plazo de tres semanas, de doblaje en francés. Va así: coges una escena de unos tres minutos de una película cualquiera en la que hablen dos personas, y bajas el volumen y creas un nuevo diálogo, que signifique una situación completamente distinta. Hay que ensayar hasta que quede creíble, intentar hablar al tiempo de los labios de los actores, no cometer faltas gramaticales... el caso es que este trabajo me encanta.  Me gusta esto del doblaje, aunque si me preguntáis cómo se me da, os diré que no tengo ni idea. Igual bastante mal. Pero en fin, con esfuerzo y tres semanas, me parece que no irá mal.
Al principio no me entusiasmaba demasiado, sobre todo por cómo iba la clase. Me tocó sentarme sola (bueno, sola en teoría, porque delante estaban Laura y Andrea y detrás Daniel y David. Más sola que la una, ¿no se nota?) y a Elías, sí, mi querido amigo, esa persona con la que no me llevo peleando desde hace ya años, con quien llevo en la misma clase desde infantil, le dio la feliz idea de sentarse conmigo. Me daban ganas de estamparle la silla en la cabeza. O por lo menos clavarle el lápiz, o metérselo por una oreja de forma que le saliese por la otra. Después de pasar media clase preguntándonos al Sr. Delegado y a mí que si fumábamos cada cinco minutos de cronómetro, ironías que no pillaba, ataques psicóticos por su parte e intentos de controlar los míos, explicó la de Francés lo del trabajo. Y yo pensando: ¡YUHU! Menudo día que decidí sentarme sola. Pero la profesora cambió de idea después de ver mis miradas de exasperación y dijo que las parejas serían libres. En principio se iban a poner David y Mr.Delegueision juntos, pero Elías le pidió a David que lo hiciese con él... y yo metí baza, que os voy a decir. Me agobia esa sensación de sobrar, de estar sola. Y David... ¡accedió! Yo no me lo esperaba. Y aunque sé que nunca leerá esto, principalmente porque no sabe que tengo un blog y segundo porque es un pasota que si lo supiese no lo leería, ¡muchas gracias! Has sido mi salvación. Ya me veía yo con el piojo ese... así que al final hago el trabajo con el Sr. Delegado. Hey, ¡no está mal! Así me aseguro de no hacer yo todo el trabajo, como pasó con cierta teoría de placas...
Él ha elegido Sherlock Holmes, y yo la de Planes Para Mañana. Ahora hay que buscar una escena flexible en alguna de las dos. Preparaos, que igual grabo las voces y os reís un rato.
Microdiálogo:
- ¡Estás empapada! ¿Está lloviendo? 
- No, allá arriba me vieron y decidieron bautizarme.