Mostrando entradas con la etiqueta miedos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miedos. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de junio de 2012

Ínfima solicitud

Solicito un cambio en mi cartilla de nacimiento. No es nada demasiado complicado, ni edad ni sexo ni nacionalidad, que tan difícil parece y tantas ganas tienen todos de cambiarla. No, nada de eso. Quiero cambiar mi día de nacimiento. No hay mucha diferencia, sólo un par de pares de días. Un traslado de mi cumpleaños del seis de junio al diez.
Mientras leéis esto, pensaréis: ¿otra vez dando la nota? ¿No le valía con tener miedo a los delfines, también tiene que querer que falte más para su cumpleaños? He pasado un tiempo sin escribir, más de miedo mes, un medio mes que me parece una eternidad teniendo en cuenta lo lejana que veo la última entrada. No creáis que he estado muy ocupada, que he tenido muchos exámenes que estudiar y trabajos que entregar y que por eso se me ha pasado así el tiempo. No. Para nada. Es más, últimamente los días se me pasan lentamente, como una tortura silenciosa. Aunque todo hay que decirlo, los fines de semana están aparte.
Pero es que estoy harta. Harta de todos esos adolescentes en el instituto, que se creen el centro del mundo, que lo saben todo y que tienen más derecho que nadie a juzgar a los demás y que no piensan más allá de esa ridícula pirámide social que se han inventado, tan parecida a la Edad Media. Harta de ir a clase y no hacer nada por culpa de cuatro idiotas. Harta de todas esas personas que dicen apreciarme, quererme, ser mis amigos y a los que no les importo una mierda. Harta de llorar. Harta de no llorar con tal de que no me pregunten. Harta de que mi madre crea saberlo todo y no escuche ni intente comprender. Harta de tener la maldita amenaza de mi padre cada día, de encontrármelo al volver de clase. Harta de desconfiar de la gente, harta de confiar en los que he confiado. Harta de no poder dedicar mi tiempo a lo que me gusta. Harta de estar absolutamente perdida y no tener nada claro. Y, por encima de todo, harta de mí misma. Porque tengo la autoestima por los suelos, y por eso me odio aún más y mi autoestima va a peor.
Desde hace una semana, más o menos, lo único que verdaderamente me hace sentir bien es la música, cantar. Me pasaría los días en la escuela de música ensayando, mejorando, o simplemente cantando. Pero no. Yo, la alumna a la que todos los profesores adoran, a la que cubren de flores, la que tan bien amueblada tiene la cabeza, estoy harta de estudiar. No quiero estudiar, no así. No quiero tragarme siete horas de clases que ya ni si quiera son clases con gente a la que no aguanto y sin aprender nada. Hay montones de cosas que estudio en el instituto de las que me gustaría saberlo todo. Pero claro, hay un calendario, veinticuatro alumnos, gente sin ganas de hacer nada, cansancio y miles de apuntes que aprender de memoria. Decidme, ¿para qué sirve eso? Aprenderse cosas de memoria y después vomitarlas en un examen. O aprenderse mapas y mapas y mapas, físicos y políticos, sin ganas de viajar y descubrir el mundo. Estudiar Historia de la Música sin escuchar la música que hizo historia. Aprender de memoria qué líneas trazar y qué colores usar, pero nunca usándolos. No culpo a los profesores, es más, los que tengo yo, por lo menos, saben muchísimo. Pero nunca hay tiempo para que nosotros aprendamos nada excepto lo que se utilizará más tarde. Estamos en la Edad del Sentido Práctico. Pero para mí el sentido práctico no tiene sentido.
¿Recordáis mi teoría de la mesa? Pues bien. La mía hace tiempo que se derrumbó. Pérdida de los amigos, y con esto darme cuenta de que todos los recuerdos eran acciones y poco más que mentiras. Corazón roto. Abandono. Dudas existenciales. Soledad. ¿Y qué queda? La música, que además mete todo lo malo en el bolso de Mary Poppins y lo saca convertido en sentimientos en forma de sonido.
Me cuesta sonreír, me cuesta reír. Me cuesta escuchar a los que ya me he dado cuenta de que son amigos de quita y pon sin pensar en desaparecer de una vez.
Lo que quiero decir con todo esto es que no quiero cumplir años así. No quiero cumplir década y media habiendo llorando la noche anterior, sin ganas de que nadie me felicite, esperando a que "él" venga a felicitarme, temiendo que llame mi padre o incluso que venga, teniendo que ir a clase, teniendo que afrontar un examen de física y química con ese profesor que no me entiende lo más mínimo, teniendo que ver a todas esas personas que con cuatro frases tan cotidianas para ellos me enfurecen. Las personas que me quieren las cuento con los dedos de las manos. Las que lucharían verdaderamente por mí ni si quiera las sé contar. 
No quiero cumplir años así. No quiero.

domingo, 6 de mayo de 2012

Here Comes The Sun

Estoy recomponiéndome. Aún soy muy frágil, no he reconstruido ni la mitad de mí y el pegamento de la parte reconstruida aún no se ha secado. Últimamente todo iba de mal en peor. Sólo había una cosa que me mantenía: la música, el sueño de ser cantante. No sé muy bien por qué esa parte no se derrumbó; supongo que es porque la música no se va a levantar un día diciéndote que ya no te quiere, ni al escuchar tus pensamientos va a juzgarte sin dejarte acabar de contar tu historia. La música nunca te abandona. Los artistas que la hacen no te conocen ni les importas, lo sé, pero quizás sea mejor así. Al escuchar su música entras en sus sentimientos y de alguna forma también entra la canción en los tuyos, para volverse parte de ti. Desde hace unos meses dormía sólo si estaba agotada o si me calmaba alguna canción -All Things Bright And Beautiful, de Owl City, para viajar a otro mundo lejano donde poder ver las estrellas, Birdy para no asustarme de mis pensamientos, Safe And Sound, de Taylor Swift, para consolarme cuando me moría de miedo y soledad...
Poco a poco me rehago. Voy ordenando mis pensamientos escribiéndolos, sacándolos de mí, cantándolos con canciones hechas por otros para ellos mismos, pero haciendo que sean para mí. La última entrada fue un autorretrato, un autorretrato real pero no objetivo. A todo le describía su lado malo, pero no su lado bueno. Ahora sé que todo tiene su lado bueno y su lado malo, y que el peso de estos depende sólo de la persona que los describa. Antes de escribir la entrada me odiaba, pero después fue como una liberación. Ahora no me odio, me reprocho. Con el odio no hay mejoras, con el reproche -si luego hay reacción- sí. Aunque debo admitir que hay partes de mí que no entiendo -y eso me lleva a odiarlas- aún después de esto. Pero bueno... yo soy yo y mi reflejo cambiará con el tiempo, pero en realidad siempre seré el mismo cuerpo. Así que no me queda más remedio que aceptarlo de la mejor manera posible.
No he recobrado la confianza en mi madre, pero creo que la he perdonado. O al menos lo estoy intentando, me estoy esforzando en ello. La confianza no se recupera, ya cuesta lo suficiente ganarla. Pero tendré que aprender a vivir con eso, a entender que hay situaciones que se enfrentan solo. Mi padre es otra cosa, porque me seguirá haciendo daño mucho tiempo. Y no sólo a mí. Probablemente hasta que muera, por muy oscuro y horrible que sea esto. Pero creo que es cierto. Que no sea culpa mía no sé si es consuelo o tortura.
También he tenido un desengaño en cuanto a la amistad. Los amigos se cuentan con los dedos de las manos, pero a mi edad con sólo una. La amistad es difícil de encontrar, casi tanto como el amor, y también puede ser no correspondida. Y aunque al tiempo le demos igual al pasar pone las cosas en su lugar, como un maniático del orden muy estirado. Al menos tengo verdaderos amigos en los que apoyarme, que también es poco común.
Tengo que prepararme para el verano, que me temo que será más duro que nunca. Pero habrá que sobrellevarlo y aprovecharlo, porque después de todo es posible -si me hago fuerte, está claro. Es seis de mayo, y el día de la madre. Van a ser unas semanas difícil hasta que todo se estabilice, aunque puede que no se estabilice hasta el curso que viene. Pero voy a resistirlas e intentar ser feliz. Creo que la clave de la felicidad es eso: querer la felicidad y intentar ser feliz.
"Here comes the sun, here comes the sun..."

martes, 1 de mayo de 2012

Autorretrato

Aún soy un ensayo de persona; estoy cubierta por andamios, que a su vez están cubiertos por anuncios publicitarios de alguna marca de moda. Intento ser sincera, decir lo que siento y lo que pienso, pero me cuesta mucho y a menudo duele. Me hace revelar mis debilidades y llorar. Soy muy llorona, soy un piscifactoría de lágrimas donde fácilmente se podrían criar salmones. Lloro de tristeza, de desesperación, de alegría, de risa, cuando leo un libro, cuando veo una película, cuando escucho una historia, y cuando veo a alguien llorar. Extraña cualidad, igual que yo. Sé que todos somos extraños, distintos, y que eso es maravilloso y no se debe esconder. Pero a menudo pienso que soy demasiado extraña o que destaco demasiado. Estoy cansada de que me miren como a un bicho raro. En realidad sólo destaco de esa forma. Me acuerdo de todas las personas con las que intercambio un par de palabras, comparto pasillo o simplemente me cruzo por la calle. Sin embargo, nadie parece acordarse de mí. Nunca. Soy ambiciosa, a menudo demasiado. Me avergüenzo y preocupo si soy el centro de algo, pero al mismo tiempo una parte de mí da un salto de alegría. No tengo seguridad ninguna, ni en mí misma ni en el resto del mundo. Me odio. El resto del mundo o me aterra o lo adoro, pero nunca lo odio. Sin embargo no sé confiar en nadie. No puedo. Antes sí podía, pero me despedazaron y al intentar reconstruirme se perdieron muchas cosas, entre ellas la confianza. Soy muy miedosa también. Mi mayor miedo es la soledad, el resto vienen solos. No me asusta cruzar un pasillo oscuro al caer la noche o quedarme sola en casa, pero sí quedarme a oscuras bajo el edredón por la noche antes de dormir, a solas con mis pensamientos. Pienso demasiado. En inglés existe un sustantivo y adjetivo: overthinker. En español no. Pero aun siendo en otro idioma me describe a la perfección. De cualquier detalle imagino miles de situaciones diferentes, pienso, repienso y vuelvo a pensar, como mi propia tortura. A menudo desearía poner en off mis pensamientos. Pero no puedo. Hace tiempo que ni si quiera la música les calla. Soy soñadora, me gusta imaginar el "¿y si...?". Me emociono enamorándome de extraños que me cruzo en la calle, en la escuela de música, en el parque. A menudo me pierdo en mi imaginación y mis pensamientos, y me es difícil bajar al mundo real, casi imposible. Hay veces en las que mis sueños son mejores que la realidad, más felices, más luminosos. Soy fácil de entristecer. Hubo un tiempo en el que era optimista, pero eso ya pasó. Ahora sólo intento ver la realidad. Pero cada vez me gusta menos. Este año pasado empezaron a gustarme las ciudades, pero estos últimos días me he dado cuenta de que no sólo el aire está contaminado en la ciudad, sino también las personas. Además en la ciudad no se ven las estrellas. Me gustaría encontrar a alguien a quien le guste tanto mirar las estrellas como a mí. Y enamorarme y que él se enamorase de mí. Soy una eterna romántica y enamorada del amor. Quiero demasiado, demasiado en cantidad y demasiado en corto tiempo. Soy el tipo de persona que necesita que cuiden de ella a tiempo completo, pero está visto que nadie quiere. Ni si quiera mi madre o mi padre. No creo en la familia, ni que yo haya tenido la culpa de no importarles. Puede que sí de que no me conozcan. Pero la mayor parte de mi mal humor viene de ahí. Y si explotase sería mucho peor. Me enfado mucho, grito mucho, lloro mucho y soy silenciosa y no hablo si creo que no me van a entender. Me duele mucho cuando no me entienden y no intento explicarlo. Me preocupo por los demás, pero si hay algo que me pueda afectar, soy una egoísta. No me convierto en egoísta, lo soy. Soy una idiota egoísta y egocéntrica. Soy una mala persona, aunque todos digan lo contrario. Hago daño a los que quiero si no estoy de humor, y no intento contenerme. Odio y adoro estar sola. Cuando lo estoy, pienso con claridad, lloro sin aguantarme, me hago un ovillo bajo una manta y veo películas, anime, escribo mentalmente una historia aleatoria, miro fotos... me encanta mirar fotos. Son como una ventana a otras vidas, otros pensamientos, otros lugares, otros recuerdos. Tengo un talento innato para el dibujo, pero nunca creo que sea suficiente para nada. No sé si me gustaría dedicarme a eso o no, pero creo que no, simplemente por llevar la contraria a todos esos que me decían que iba a ser una gran pintora y me pedían dibujos y decían cosas como que en unos años los venderían por millones. Sé que exageran, pero también que la facilidad que tengo para entender las líneas no es común, y me siento culpable por desaprovecharla. Lo que verdaderamente me llena y me hace feliz es cantar. Me pasaría los días cantando. Moriría feliz si pasase todos los días de mi vida cantando, y me gustaría dedicarme a ello. Pero tengo miedo al mundo y a lo difícil que es triunfar así en él. El mundo es muy triste, muy grande y pequeño a la vez, incomprensible y maravilloso, pero duele tanto... hay días en los que imagino que dejo de querer tanto a la gente, que dejo de prestarle atención. Y sé que no podría, pero que quizás si lo consiguiera sería feliz. Pero también me pregunto si podré sobrevivir al mundo, y no lo sé. Sueño con el futuro, con las cosas buenas, pero también con la no tan lejana vejez, y me pregunto si habré hecho todo eso que quería hacer, si me arrepentiré de no haber hecho ciertas cosas. Tengo miedo a que mi vida pase como una bicicleta cuesta abajo, sin frenos, y que de pronto un día encuentre que me muero. Y que después, no vuelva a sentir nada. No me imagino el después, porque en ese después yo ya no estaré, no sentiré ni pensaré nada. Mientras tanto, echo de menos cuando aún no llegaba a ver qué había encima de la encimera de la cocina y llevaba zapatitos rojos, y me daba igual mi reflejo en el espejo. Creo que, cuando dejas de creer en la magia, el resto de tus esperanzas caen una por una, como en efecto dominó. Te das cuenta de que eres cobarde, de que nunca tendrás una aventura de la que seas tú la heroína, que nunca recorrerás America Latina en moto como Che Guevara. Que viajarás en avión, viajes eficientes y seguros, sin arriesgarte ni sentir demasiado. Harás turismo, verás unos cuantos monumentos, y aun así no entenderás el lugar en sí. No crearás recuerdos porque no eres más que un turista, alguien que va unos días y seguramente nunca vuelva. Me gustaría borrar todo esto. Todos estos pensamientos, estas conclusiones, borrarme a mí misma y volver a dibujarme. No me gustan los libros de adultos; no te hacen soñar. Tampoco los de adolescentes; lo escriben adultos que no te toman en serio, que consideran que todo lo que te pasa ahora se irá al volverte adulto. Me gustaría volver a leer libros de niños, pero ya no los entiendo. Ya no sé soñar realmente. Tenía miedo de crecer, y lo sigo teniendo, pero también de haber crecido, porque lo he hecho. ¿Crecer antes no era un sueño? "¿Y tú qué quieres ser de mayor?". Era una aventura. Y ahora, al elegir verdaderamente, te encuentras con que nada es lo que esperabas y todo son exámenes, créditos, títulos, asignaturas que no te interesan y un trabajo que ni si quiera sabes si encontrarás. Estoy desesperanzada. Pero creo acertar si digo que yo no soy así. Estoy enamorada. Horriblemente. Pero nunca se correspondió y nunca se corresponderá, aunque yo nunca lo acepte ni lo aceptaré y una parte de mí esté siempre esperando. Me he dado cuenta de que los amigos a mi edad no se cuentan con los dedos de las manos, sino que tienes suerte si usas una de las manos. No sé si creo en el concepto de amistad. Espero que sí.
Podría seguir así millones de palabras más. Pero son las doce, y me apetece intentar ver las estrellas antes de dormir. Soy un desastre de persona y, como un gato abandonado en un cubo de basura, estoy esperando a que alguien venga y cuide de mí. Aunque no sé quién querría. Soy un gato distante, malhumorado y llorón, y no muy bonito. Insoportable. Supongo que, si alguien me quiere, sabré que me debe de querer mucho para soportarme.

miércoles, 25 de abril de 2012

Viva la ridiculez

Sé que no vas a leer esto, porque no te gusta leer, porque aunque ponga los enlaces a mis entradas en twitter tú no les prestas demasiada atención. Quizás ni si quiera sepas que tengo un blog, creo que sólo te lo he comentado un par de veces de pasada. Pero sé que si te dijese esto ahora, hoy, o mañana, o en una semana, no me entenderías. Porque sientes que lo comprendes todo, y que nada escapa de tu control. Y no es cierto. Porque aún tienes catorce años, igual que yo, porque con confianza no basta y te falta esperanza. Porque la vida es difícil, y cambiante, y aleatoria, y amarga a veces, y dulce, y podría seguir añadiendo adjetivos eternamente y no acabar, y lo que quiero decir es que no controlas nada en su totalidad. Nada. Todo puede pasar, y todo puede haber pasado, y todo puede estar pasando. Y puede ser que no te estés dando cuenta de nada, o más bien que no quieras aceptarlo.
Dudo al escribir esto. Porque, como sabes, soy muy indecisa. Pero me pregunto también... ¿por qué hago esto? ¿Por alguien que me está apartando de su lado por una tontería? Y me acabo de dar cuenta de la respuesta: porque te quiero mucho, porque eres mi amiga y no quiero perderte, aunque tú sí quieras perderme a mí. Aunque muchas veces no me entiendas... ya han sido bastantes las veces en las que, contándote algo, sacando algo que me estaba matando por dentro he acabado llorando, de tristeza, de rabia, de desesperación, sí, pero también de alivio por tener alguien que me escuche, al menos un poco. No sé por qué haces esto. Bueno, no exactamente.
No te voy a explicar por qué estás equivocada con el motivo de todo esto. Sólo quiero que te des cuenta de que en este grupo de amigo somos cinco. Cinco personas, dos chicos y tres chicas, y todos somos muy distintos. Y si estamos los cinco juntos, no es porque todos nos llevemos maravillosamente y hagamos montones de cosas en común. Es porque somos como una red; uno habla con uno, otro hace participar a otro, otro chincha a otro, los demás se apuntan, uno es amigo de no se quién el este a su vez es amigo de no sé cuántos. Pero falla uno, y falla otro. Y con ese, otro más.
Y ahora mismo tú has medio convencido a estos dos, David y Daniel. Pero en cuanto te das la vuelta, hablan con nosotras como siempre. Y vosotros tres, precisamente, no os lleváis.
Es ridículo, absolutamente ridículo, esto de veros reíros de más a bromas de otros de las que normalmente pasáis, hacer planes para quedar en el puente cuando a ti te gusta salir a discotecas, al otro no le caes bien como para quedar y al otro simplemente prefiere quedarse en casa a salir fuera.
Vi como dejabas escapar a la que fue tu mejor amiga desde el colegio sin inmutarte. Yo quiero demasiado. Tú demasiado poco. Y para ser feliz, hay que arriesgar, y arriesgar es querer.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Duda existencial de la semana.

Antes de nada, esta es la duda: ¿es posible convertirse en un cantante de gran éxito por todo el mundo, como puede ser Lady Gaga, o Taylor Swift, o Justin Bieber (sí, Justin Bieber, queramos o no, tiene una fama increíble), o tantísimos otros, en un idioma que no sea el inglés? Miremos donde miremos, mensajes en inglés, nombres de webs en inglés, fotos con citas en inglés, españoles que escriben en inglés, finlandeses que escriben en inglés; ¡todo está en inglés! Esta, digamos globalización, se debe sobre todo a internet. De pronto hemos conseguido lo imposible: podemos hablar cara a cara (más o menos) con alguien que esté en la otra punta del mundo, mandarle fotos y vídeos de lo que haces, grabar, subir tus reflexiones y, en todo el significado de estas tres palabras., lo que sea. Pero claro; en vez de aprender cada idioma, uno por uno, para hablar con, no sé, argelinos, preferimos aprender un idioma común, más o menos. ¿Y qué idioma es este? Obviamente, el inglés. Porque no sé por qué, pero no me imagino a todo el mundo estudiando búlgaro, ¿verdad que no?
Esto tiene un montón de cosas buenas. Pero claro, si tienes un pro, tienes un contra, esto es así. Si nadie muriese, nadie podría nacer porque no cabríamos en el mundo; no hay vida sin muerte. Ahora la casi absoluta mayoría de los músicos internacionales cantan en inglés. ¿Por qué? Porque les entendemos (la mayoría), porque estamos mucho más acostumbrados a oírlo que otros, porque se ve como un idioma más actual, más moderno. Una vez que esto pasó, cada vez se fue volviendo más y más popular, y esta popularidad nunca baja.
Como muchos de los que me leéis desde hace un tiempo sabéis, yo quiero (y espero llegar a ser) cantante. Antes pensaba llegar a ser sólo cantante y ya, sacar unos cuantos álbumes de calidad, obtener un pequeño grupo de fans, nada excesivo, buena crítica, inspirar a gente. Pero estos últimos días he estado mirando bastantes documentales, biografías, vídeos en YouTube, revistas. Hoy mismo, viendo a J.Pelirrojo, un vlogger español, en un programa televisivo, dijo algo así como que tú haces cosas, haces tu arte, tus proyectos, pero que sólo haciéndolos y ya está... te falta algo. Una respuesta, alguien que te vea, que te escuche. A raíz de esto, entre otras cosas, me he puesto en situación y me he dado cuenta de que yo sin llegar a la cima, quedándome un poco o mucho más abajo, no me contentaría ni daría por cumplido mi sueño. Quiero una respuesta, pero una gran respuesta. 
Pero claro... ¿es eso posible en un idioma que no sea el español? Claro que hay muchos españoles que escriben en inglés, y puedo presumir que para mi edad tengo un buen nivel en este idioma. Me desenvuelvo, entiendo cuando me hablan, aunque puede que no todo, juego a videojuegos en inglés y los prefiero a la versión española. Pero me gusta mi idioma. Canto y escribo mejor en mi idioma, en inglés es algo más hueco, y no me gustan las cosas llenas, como es normal, me gustan las cosas "llenas". No quiero hacer nada hueco, porque yo no soy hueca, y somos lo que creamos.
Podría escribir mucho más y desahogarme un rato, pero lo que quiero ahora son opiniones; vuestras opiniones. ¿Qué contestáis a mi pregunta? Podéis contestarme por twitter, tumblr, por un comentario aquí mismo... tenéis todos los enlaces abajo a la izquierda en este mismo blog. ¡Pero contestadme! De verdad que tengo curiosidad.
¡Por cierto! Como podéis ver, he cambiado el diseño. Espero que os guste.

viernes, 2 de marzo de 2012

Desahogo necesario.

Fin de semana de horror, como otros que ha habido ya desde hace mucho tiempo. Puede que no hayan sido muchos, pero sí demasiados. Estoy agotada, ya son cinco años así. Cada día como ayer me destruye un poco más por dentro. No quiero que vuelva a pasar, pero no puedo hacer nada por evitarlo, porque no depende de mí, porque sola, sin ayuda ni intervención nada está en mis manos. Desde los nueve años llevo siendo tratada como un paquete que va y viene, que nadie quiere tener más que para lo bueno. En realidad somos dos paquetes, mi hermano pequeño y yo. Realmente no sé qué haría si fuese sólo yo la que fuese y viniese. Me sentiría aún más sola. Pero también eso me da responsabilidad, una responsabilidad que no me corresponde a mí y que me impide salir corriendo cuando lo necesito.
Cuando mis padres se separaron, recuerdo que justo después de que mi padre saliera por la puerta mi hermano y yo estuvimos mucho tiempo, no sé cuánto, abrazados a mi madre, llorando. Pero verdaderamente no sabía por qué lloraba. Quizás porque no entendía ni asimilaba del todo lo que estaba pasando, porque me daba cuenta de que todo iba a cambiar y no sabía cómo. Pasaron los días; cambios de casa, mudanzas; días extraños. Realmente no recuerdo muchos detalles, sólo que vivía en casa de unos amigos, cambiando de vez en cuando. En la primera casa de mi padre pasé mucho miedo, tristeza, aburrimiento. Él lloraba mucho, nos gritaba e insultaba. No estaba ni estoy acostumbrada a eso, y siempre he sido muy sensible a esas cosas, además de miedosa, así que empecé a tenerle miedo. Sin embargo no me planteaba si me gustaba o no me gustaba ir allí, si me sentía bien o mal. Antes no le daba importancia a casi nada, vivía completamente en las nubes y no sentía el paso de los días. No era consciente de nada. Una vez que nos tuvo que dejar con una canguro una noche, por la mañana cuando se suponía que estaba dormida, vi como una chica salía de su cama y rápidamente salía por la puerta.
No sé cuánto tiempo pasó viviendo allí, pero después volvió a mudarse a una casa en un pueblo de Segovia. Allí más o menos teníamos nuestra propia habitación, una pequeña buhardilla que compartía con mi hermano. Al tiempo empezó a vivir con una "amiga", una chica de veintipocos que estudiaba Bellas Artes y trabajaba en un bar por las noches. Era simpática, eso es lo que recuerdo.
Una noche, una de esas noches en las que se suponía que estaba durmiendo, un fin de semana en el que ella no estaba, oí cómo dejaba a mi padre por teléfono, que de nuevo, como cuando peleaba con mi madre por las noches, daba golpes a las cosas y replicaba como un crío. Me alegré, aunque no me pensé mucho el por qué.
Pasó el tiempo. Pasamos una semana o dos con mi abuela a solas allí, que vino a cuidarnos porque él no podía. Entonces me lo pasé bien. No me sentía atrapada como normalmente me pasaba allí. Esa fue la única vez en la que me sentí bien, en casa, allí. Pero eso fueron sólo unos días. Después volvió, volvimos a la rutina del intercambio de paquetes como siempre, y pasado un tiempo empezó a vivir con otra "amiga". Esta al principio me cayó mal, aunque ahora sé que me equivoqué. Hizo mejorar a mi padre. Dejó de gritarnos e insultarnos la mayoría del tiempo, y empezó a intentar hacer algo porque nos lo pasásemos bien, aunque equivocándose la mayoría de las veces.
Se volvió a mudar, esta vez a la ciudad de al lado de la mía, donde estuvo año y medio o así. Allí no lo pasé demasiado mal. Había veces en las que me sentía un poco atrapada, pero podía quedarme sola en mi habitación y quedar de vez en cuando con mis amigos. El tiempo allí pasó rápido.
Sin embargo, de pronto, se mudaron a un apartamento de una sola habitación, con un baño, en el centro de Madrid. Salón, cocina y habitación estaba todo junto, y no era muy grande que se diga. Como la mitad de mi salón en casa de mi madre. Allí me sentía atrapada, que no podía respirar. Los fines de semana que pasaba allí me ahogaba un poco más. No podía hacer nada en la casa, porque no había espacio, ni podía salir fuera porque me perdería. Tampoco podía ver a mis amigos.
Se mudaron de allí ayer, hoy mismo fueron a establecerse a Bilbao, muy lejos de Madrid, donde yo vivo, porque la novia de mi padre se ha quedado en paro y allí la casa les sale gratis. De ahora en adelante tendré que ir prácticamente cada puente, más tiempo en vacaciones y las vacaciones de primavera enteras.
El problema no es que quiera quedar con mis amigos, aunque también quiera. El problema es que cada minuto que paso allí, con él, me ahogo, me muero un poco más. Estoy agotada de sólo existir cuando se tenga tiempo para mí, y sólo para lo bueno. Que cuando me enfade se desentienda. Que actúe con los privilegios de alguien que está cuidando de mí cada día, como un padre debería. Ojalá para mí olvidarme de él cuando no está fuese tan fácil como para él olvidarme a mí. Pero no lo es. Porque no puedo evitar pensar "¿Cuántas semanas de mi vida me quedan hasta tener que volver a detenerla para torturarme un poco más allí? ¿Cuántos días tendré que pasar? ¿Cuántas horas? ¿Cuántos minutos?". La tarde del día antes a irme con él, empieza a faltarme el aire, a entrarme ganas de llorar. A tener miedo. Porque tengo miedo, muchísimo miedo, a mi padre. A la soledad. A que alguien ordene mi vida. A la oscuridad. Y todos esos miedos, y más, se juntan cuando estoy con él. Siempre estoy con miedo a decir algo, o a no decir nada, a que se enfade y me grite y me insulte. Y hable del poco caso que le hago, que paso mucho tiempo sola, que paso mucho tiempo en casa, que paso mucho tiempo en el ordenador. Porque no sabe nada de mí y se cree que lo sabe todo. Que se ha perdido muchas cosas, algunas porque eso es lo que tiene no vivir en la misma casa, pero otras porque él ha querido, o porque no ha querido esforzarse. La persona hacia la que siento lo más parecido al odio es a él. Odio su olor a tabaco, sus arrebatos de niño, su egoísmo, su egocentrismo, su mal humor. Odio que él sea mi padre, aunque eso de alguna forma haya construido una parte de mí. Cada día que acaba para mí es una cuenta atrás para volver a verle.
El domingo por la noche, cuando volví a casa, después de enterarme de lo poco que me contó mi padre llegué a casa, sin decir nada, pero con la esperanza de que mi madre cambiase algo de esas horribles vacaciones que me esperaban. Ella, mi padre y su novia se quedaron un largo rato hablando encerrados en la cocina. Cuando se fueron, cuando cenamos, mi madre empezó a hablar de qué haríamos con el intercambio de paquetes de ahora en adelante. Le pedí que no fueran las vacaciones enteras. Que aunque no fuese la mitad, que me dejase pasar un cuarto en casa. Pero no. Rompí a llorar, ya por tercera vez ese fin de semana, al ver que no iba a hacer nada. "Él lo ha decidido así." "¿No ves el esfuerzo que hago yo todos los días?" "Cuenta los días que pasas con él y los días que pasas conmigo." "Yo ya he planificado mis vacaciones." No entiende nada. Le expliqué que yo en casa de mi padre me moría. Que me moría un poco más cada día que pasaba con él. Pero ella se lo tomó como una rabieta adolescente. Le oí cómo le decía a mi hermano "Ella lo único que quiere es quedar con sus amigos, pero eso no se puede." Cuando vio que no paraba de llorar, lo mejor que se le ocurrió fue decir "Si no vas a cenar, vete a dormir." Porque ella no me va a ayudar. Porque no tiene ninguna intención de cambiar sus planes por mí, porque no cree lo que le digo, porque no me escucha ni me entiende lo más mínimo. Si ella no va a hacer nada, si mi padre no va a hacer nada, yo no puedo hacer nada. No está en mis manos. Sólo me queda aguantar y aguantar y aguantar como llevo haciendo desde los nueve años, aguantar los tres años y medio que me quedan. Esa misma noche, cuando mi madre se había ido a su habitación, yo fui al baño y estuve llorando, con música que ni escuchaba al volumen más alto posible que permitían los auriculares, llorando y mirándome al espejo, sin más. Puede parecer algo para torturarme a mí misma, para ayudarme a odiar y a lamentarme aún más. Pero no. Es que no podía hacer nada más, nada de lo que hiciera serviría para nada. Sólo podía llorar, llorar y mirar cómo lloraba para hacerme la idea de que, aunque las personas que se suponen que siempre estarán ahí con su amor incondicional, la familia, no fuese hacer nada por mí, yo sigo aquí, y estoy viva, y puedo ver, y puedo llorar, y puedo sufrir, y pensar en el futuro, y soñar, y trillones y trillones de cosas más.
Me aterra pensar en esos días en los que estaré atrapada. Recuerdo mis vacaciones, en las que no podía hacer nada, en las que no podía hablar con nadie salvo con aquellos con los que no tenía ningunas ganas de hablar. En los que buscaré miles de cosas que hacer que al final no querré hacer. En las que nadie entenderá del todo cómo me siento y me tachará de exagerada, como sé que piensan siempre cada vez que cuento un pequeño fragmento de lo que siento respecto a esto. Verdaderamente no sé del todo lo que voy a hacer para que se pasen algo más rápido, sólo sé que no debo de dejar de pensar en que esto pasará, que no será para siempre, y que pronto tendré mi vida y podré hacerle desaparecer de ella si quiero. Porque es lo que pienso. Que, si él desapareciese de pronto hoy mismo, todo me iría mucho mejor.
Este mes de marzo no le voy a ver, no voy a pasar un sólo día con él. Y eso es algo que me hace absolutamente feliz, pero es muy triste que sea por eso. Y lo sé. Escribo todo esto, con todo detalle, no porque quiera que nadie me compadezca, ni mucho menos. Estoy harta de eso. Pero es que necesitaba tener la seguridad de que alguien, al menos una persona, me escucharía, leería en este caso, que me podría desahogar. Me gustaría que alguien me comprendiese, y que esos días en los que me distrajese, se preocupase, me diese un abrazo extra, intentase salvarme. Que no niegue que me estoy ahogando, que haga algo por evitarlo. Que en vez de decirme "Estás bien" o "Todo irá bien", hiciese algo porque así fuera, o todo lo posible por lograr lo más parecido posible. Pero no lo he encontrado, y puede que nunca lo encuentre, aunque intento no pensar en eso. Así que por ahora estoy yo, delante del espejo, con los ojos encharcados y las mejillas surcadas por lagrimones que no dejan de bajar y bajar hasta mi barbilla para después caer al vacío. Aquella fue una de esas noches en las que me aterra el silencio y necesito poner música, bien alto, y concentrarme en la letra y la melodía de la canción en cuestión para no pensar.
Imagen extraída de http://bluesirens.tumblr.com/post/10638433190